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Resposta del Col·legi de Metges

En resposta a l’escrit de queixa contra aquesta corporació, publicada a l’edició del Diari el dia 29 de gener i signada per la Sra.Bolós, volem manifestar:

Que, per òbvies raons de preservació de la confidencialitat, no podem donar resposta per aquest mitjà dels aspectes concrets de la tramitació que s’ha seguit del seu escrit.

Que els escrits que s’adrecen a aquest Col·legi requereixen una tramitació que, a vegades, es fa llarga per la necessitat de recollir informació dels diversos professionals que poden haver intervingut en un procés.

Que la trobada amb els ciutadans que demanen la intervenció d’aquest Col·legi és una pràctica habitual que permet apropar-nos a la seva vivència i ens ajuda a traslladar-los la visió que es té des del Col·legi del problema que ens traslladen, que a vegades un escrit fa massa freda.

Aquesta Corporació és sensible a la percepció que d’ella en tenen els ciutadans i pren nota de tot allò que pugui ajudar en el permanent camí de la millora.

Col·legi de Metges de Tarragona

(Tarragona)

Despedida a don Antonio María Vidal

Me cogió por sorpresa su fallecimiento, y lo he sentido como el de alguien muy próximo, ya que, aunque no tengo la satisfacción de contarme entre sus amigos, pues razones de edad y de poco tiempo de haberle conocido me lo impidieron, sí que lo hago en calidad de persona a la que respeté enormemente desde el día que me senté por primera vez a su lado en aquella habitación de su casa llena de libros, revistas, coleccionables y recortes de las cosas de su querida ciudad de Reus.

De aquellas conversaciones con don Antonio María nació mi libro «Charlas con Fortuny» y nació allí porque no podía nacer en otro sitio, ya que lo hizo de la mano de su generosidad conmigo porque me prestó, aunque a mucha gente extrañe, tres libros a la vez, algo tan extraño en él que era tan celoso como cuidadoso con lo que prestaba, pero tuvo conmigo esa delicadeza, y yo se la devuelvo hoy con el testimonio de mi gran afecto y mayor respeto.

Don Antonio María, se ha ido usted acompañado de mis plegarias por el eterno descanso de su alma, y aquí en el valle de lágrimas quedamos los demás acompañando en el sentimiento a su familia, a la que quiero y respeto del mismo modo que a usted. Solo un pequeño reproche, y es que para mí, se ha ido usted sin avisar, por eso ahora le doy el abrazo con que me hubiera gustado despedirme. Que Dios le tenga en su gloria, y bendiga a su familia.

Fernando Mollá Ayuso

(Reus)

Friné la Hetaira

La cortesana griega Mnesarete (siglo IV aC), conocida como Friné, fue considerada como una de las más hermosas mujeres de toda la antigua Grecia. Su cuerpo sirvió como modelo a Praxíteles para realizar la estatua de la diosa Afrodita, conocida como Venus de Cnido.

En cierto momento de su vida, en un festival, se soltó los cabellos, se desnudó y se sumergió en el mar, inspirando al pintor Apeles su Afrodita Anadiodema. Esta mujer fue una de las hetairas más famosas de la Grecia clásica. En cierta ocasión, tras rechazar los requiebros y solicitudes de un tal Eutías, éste la denunció y la acusó de impiedad (uno de los delitos más graves de la época) al profanar los misterios elusinianos. Compareció ante el tribunal de los heliastas.

A punto de ser condenada a muerte, su defensor el gran orador Hiperides con su encendido alegato no encontró respuesta favorable del jurado. Como último alegato, Hiperides hizo que la acusada se despojara del peplo, quedando desnuda ante el tribunal, diciéndoles: «Pero ved, ¿no lamentareis condenar a muerte a la propia diosa Afrodita? ¡Piedad para la belleza!»

Tan inapelable debió ser este argumento que Friné fue absuelta y puesta en libertad. Puede decirse que, por una vez, triunfó la verdad desnuda. Friné amasó una inmensa fortuna, hasta el punto que financió la restauración de las murallas de Tebas, y levantó en su casa una estatua en honor a Zeus de oro macizo, en la que se podía leer: «Gracias a la intemperancia de los griegos». Ya en su vejez, el comediógrafo Aristófanes llegaría a decir de ella: «Friné ha convertido su rostro en una botica».

F. Ortiz de Pinedo Mendiluce

(Tarragona)

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