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Tradiciones

Debo reconocer mi fascinación por la capacidad que tiene la sociedad británica para mantener y defender con orgullo sus tradiciones más rancias
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Debo reconocer mi fascinación por la capacidad que tiene la sociedad británica para mantener y defender con orgullo sus tradiciones más rancias mientras, a la vez, es capaz de llevar a cabo las críticas y sátiras más feroces hacia ellas. Todo está en orden, todo se equilibra. El último episodio ha sido el protagonizado por lord John Sewell, miembro de la Cámara de los Lores, un lugar al que se accede por ser hijo de papá (de un lord papá) y en el que se llevan pelucones imposibles (y muy locos), de los que pican pero con gusto.

Lord John Sewell, más conocido hoy como Lord Coke (y no va de refrescos de cola la cosa) por obra y gracia de The Sun, estrella de los tabloides y fenómeno mundial de la noche a la mañana gracias a esas fotos a todo lujo y color que alegran el verano al populacho: Lord Coke esnifando cocaína con prostitutas, Lord Coke fumándose el cigarrito de después, con el barrigón al aire y embutido en un sostén rojo pasión. En la mejor tradición de las cartas del príncipe Carlos a su amada Camila (ésas en las que confesaba que su mayor aspiración en esta vida era convertirse en un producto de higiene íntima femenina, sí).

Populacho irreverente... Populacho conservador. Porque la irreverencia es también una tradición muy británica. Una prensa independiente, irreverente y canalla tan tradicional como el críquet, los lores con pelucón o una monarquía parlamentaria que acumula ya más de 800 años.

Por estas latitudes, con nuestra cuarentona ‘monarquía constitucional’ y una prensa que está que se busca, una foto a toda portada de Rodrigo Rato y su barrigón, lanzándose de bomba desde su yate para ahogar sus penas en agua de mar, acompañada de un castizo «Don Rodrigo Black» igual sería carne de Ley Mordaza. En un supuesto. Presuntamente. Y tal.

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