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Trump asesora a Trump

Empieza a quedar patente el desprestigio del presidente más allá de la base republicana

JOSÉ M. DE AREILZA

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JOSÉ M. DE AREILZA

JOSÉ M. DE AREILZA

La pesadilla que vive Estados Unidos de una pandemia descontrolada y un presidente sin plan alguno para afrontarla puede durar aún muchos meses. Aunque las encuestas favorecen claramente al demócrata Joe Biden, nadie se atreve a decir aún que la reelección de Donald Trump sea imposible.

Sin embargo, empieza a quedar patente el desprestigio del presidente más allá de la leal base republicana.

El origen de la autodestrucción empezó en marzo, cuando negó la gravedad del virus hasta que tuvo que admitir la necesidad de un cierto confinamiento. Sin esperar a que se frenaran de modo suficiente los contagios, animó a los ciudadanos a volver a la normalidad y reactivar la economía.

Asimismo, respaldó a los que despreciaban el uso de mascarillas y no respetaban la distancia de seguridad, poniendo la libertad individual sin restricción alguna por encima del bien común, justo lo contrario que exige la situación de emergencia.

La explicación de este comportamiento es sencilla: Donald Trump solo se fía de sí mismo, un ‘modus operandi’ que le ha permitido llegar muy lejos. Su relación con los expertos que le intentan asesorar es siempre conflictiva y suele acabar mal.

Al doctor Anthony Fauci, su epidemiólogo de cabecera, ya no le escucha y, de hecho, se dedica a desprestigiarlo. El paso siguiente será culparle de las decisiones y omisiones de la Casa Blanca.

La impaciencia de Trump por vencer el virus y recuperar la economía es comprensible por la cercanía de las elecciones de noviembre. Pero el número de infectados por coronavirus vuelve a crecer en cuarenta Estados del país. En Arizona, California y Texas, los hospitales empiezan a tener problemas para tratar a todos los afectados. Florida se ha convertido en el nuevo epicentro de la pandemia, una vez que Nueva York ha dejado atrás lo peor.

El cálculo es que hasta un cuarto de millón de personas pueden fallecer a lo largo de 2020. Muchas de estas vidas se podrían salvar imitando lo que han hecho los países más exitosos en la contención de la pandemia.

Pero Donald Trump no lidera, ni tampoco explica por qué quiere quedarse cuatro años más en el poder, aparte del placer de sorprender a sus rivales de nuevo con una victoria improbable.

Esta semana ha cambiado a su director de campaña electoral porque no le garantizaba audiencias masivas en sus mítines y ha dado más poder a su yerno, Jared Kushner, que sabe de elecciones lo que el presidente de medicina.

Enfrente, Joe Biden hace campaña con cuentagotas, busca conectar con los trabajadores de industrias en problemas y su minimalismo le rinde en las encuestas.

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