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Trump prefiere a los WASP

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El magnate inmobiliario Donald Trump, que intenta hacerse con la candidatura republicana a la presidencia de Estados Unidos, utiliza un lenguaje descarnado, despreciativo, para todos aquellos que no pertenezcan a la raza elegida: los WASP. Acrónimo en inglés de «blanco, anglosajón y protestante», que por supuesto incluye a católicos, ateos, agnósticos, testigos de Jehová y muchos otros, siempre que no tengan ni piel ni rasgos dispares. Tan seguro está de su capacidad, que esgrime como argumento supremo su facilidad para ser millonario. Este año, Trump aseguró que su fortuna ascendía a diez mil millones de dólares, pero muy a su pesar la revista Forbes la redujo a cuatro mil. Sea como fuere, tantos millones le dan para pagar su propia campaña.

Trump tiene la osadía de presentarse como experto en la resolución de problemas migratorios, ya que el Gobierno de Obama es incompetente y él, un magnífico gestor. Pero en Estados Unidos la realidad es y será multiétnica aunque algunos se empeñen en darle la vuelta.

Con diferentes parámetros, la Unión Europea camina en esa dirección, y por eso los brotes de racismo y desprecio a los derechos humanos aumentan en paralelo a los cientos de miles de personas que llaman a sus puertas. Algunas, intentando escapar de la pobreza extrema. Otras buscando salvar su vida entre un fuego cruzado que alimenta un comercio de armas que pocos denuncian.

Los Estados miembros adoptan medidas contundentes para detener las llegadas de irregulares, pero tendrían que reclamar el cumplimiento de la Agenda de la UE, que propone medidas para fijar vías legales y seguras para los más vulnerables en lugar de tirar cada uno por su lado. Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión, niega que su equipo esté inactivo y traslada a los Gobiernos de los países socios parte de las culpas por rechazar el mecanismo de readmisión temporal de refugiados, con cuotas obligatorias. España, entre otros.

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