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Tsunami en Madrid

Pasado el primer momento de este tsunami madrileño, la pregunta ahora es saber cómo va a influir este nuevo tablero político en el resto de España. De momento, hay que esperar

Yolanda Ortega Palomar

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Yolanda Ortega Palomar. Foto: DT

Yolanda Ortega Palomar. Foto: DT

Así podríamos resumir la política actual española. Empezábamos el tsunami con la moción de censura en Murcia y veremos si tras las elecciones realizadas en la Comunidad de Madrid se cerrará este capítulo convulso que estamos viviendo.

Convulso en el sentido de polarizado. Y es que la polarización tenía que bajar. Y como los políticos no lo hacían lo han hecho los ciudadanos. El último ejemplo, el pasado martes 4 de mayo en la Comunidad de Madrid.

Y esta podría ser una de las claves de la alta participación en dichos comicios. Tsunami en Madrid. Ha arrasado la candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso. Otras claves de su éxito las podemos encontrar en la cuestión fiscal y la gestión de las terrazas durante la crisis sanitaria. Sumado todo ello a la utilización de un lenguaje tremendamente coloquial, «vivir a la madrileña», elaborado en clave dicotómica «libertad o comunismo» ha conseguido movilizar por encima del 75% al electorado. Y, el resultado ha sido arrollador: casi mayoría absoluta. Sin llegar, pero tiene suficiente con el resultado que le dan las urnas para poder gestionar y demostrar su liderazgo en estos dos años y poco más que quedan de legislatura.

Tsunami también en Madrid para el resto de formaciones políticas que se presentaban. Las encuestas no presagiaban un buen resultado para el bloque de la izquierda. Sin embargo, todo lo acontecido el martes por la noche tampoco era tan previsible en principio.

El PSOE, conocedor de un posible batacazo electoral, escogió un candidato con perfil de talante moderado. Su sobrada formación académica, sus cualidades de hombre moderado no quedarían maltrechas si los pronósticos se cumplían y, finalmente, hubiese un mal resultado. De hecho, la campaña se había definido en forma dual desde el primer momento, con lo cual el resto de partidos tenia poca capacidad de ser visible delante del electorado. Lo que no se imaginaba Ferraz era el sorpasso. Desde un punto de vista politológico, una de las claves del debacle radica en el cambio del mensaje fuerza de la campaña: debilitó toda su credibilidad.

Otro tsunami: Pablo Iglesias. Sus declaraciones después de saberse los resultados constituyen, sin lugar a dudas, otro de los grandes acontecimientos de la campaña electoral. Deja la política, pero a mi modo de ver, no por los resultados puesto que de siete pasa a diez escaños. Crece su participación parlamentaria. Si quisiera podría continuar. Es verdad que ha fracaso su intento de unir a la izquierda pero en otro contexto hubiese centrado su resultado como garante de continuidad. Pero su perfil activista, sus eslóganes y declaraciones incendiarias, resultan contraproducentes incluso para su formación política. De hecho, Más Madrid recoge su voto convirtiéndose así, Mónica García, en la oposición a Isabel Díaz Ayuso.

Otra característica que nos dejan estos comicios es la no existencia de un partido político de centro. Y los nuevos partidos surgidos hace pocos años están tocados y casi hundidos. Ciudadanos se convierte en partido extraparlamentario en la Comunidad de Madrid. De entre sus causas, se podrían indicar que su estructura orgánica y el no tener una base de voto propio han propiciado esta caída. Con lo cual el bipartidismo imperfecto parece volver a la arena política en la Comunidad de Madrid.

Vox conocedor de la importancia de una estructura orgánica fuerte y de la existencia de voto propio intenta extender sus tentáculos a toda la Comunidad de Madrid. Sin embargo, su perfil ideológico no produce un trasvase de voto de una formación a otra, de ahí que su subida de escaños no haya sido la esperada por dicha formación.

Pasado el primer momento de este tsunami madrileño, la pregunta ahora es saber cómo va a influir este nuevo tablero político en el resto de España. De momento, hay que esperar. Está claro que si el PP gobierna solo con puntuales apoyos de Vox o no, el resto de comunidades autónomas tomarán nota y actuarán en consecuencia. Lo mismo se puede aplicar al resto de formaciones políticas.

Donde creo que debería influir su resultado es en Cataluña. Conocedor de la dificultad de mantener un diálogo con el gobierno central, y más ahora con la salida del interlocutor Pablo Iglesias, el bloque independentista tal vez «se ponga las pilas» y se ahuyente así, de un horizonte próximo, la convocatoria de unas nuevas elecciones catalanas.

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