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UPyD, en situación crítica

Díez sabe que una fusión supondría probablemente el fin de su carrera política
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El trayecto hacia el proceso electoral que arranca el 22 de este mes con las autonómicas andaluzas y proseguirá con las municipales, autonómicas, catalanas y generales, está siendo un calvario para Rosa Díez, que ve como su espacio político, cuidadosamente elaborado por el procedimiento de diferenciarse de las formaciones mayoritarias, está pasando a manos de Ciudadanos, una organización más moderna, con un liderazgo mejor construido, menos encorsetada y que ya le dio resultados en Cataluña.

El carácter autoritario de Rosa Díez es casi un tópico. La lideresa de UPyD, tránsfuga del PSOE, maneja el partido con mano de hierro y, por lo que parece, conserva celosamente en exclusiva sus siglas y su liderazgo, como si temiera perder aquéllas y enajenar éste. Claro que semejante cerrazón –endogamia, podría decirse– impide aprovechar las oportunidades, crecer por absorción o por fusión, abarcar otras zonas contiguas del espectro y evitar así, de paso, que surjan competidores en el mismo espacio.

Ello explica las defecciones resonantes que ha padecido la frágil organización de UPyD, que han transmitido la impresión de que el partido tiene una estructura autoritaria incapaz de permitir el debate interno y de flexibilizar las posiciones.

Todas las encuestas aseguran que Ciudadanos, que estaría experimentado a pesar de sus pocos medios un ascenso espectacular, les ha ganado la partida y puede dejarlos reducidos a la irrelevancia. Por el contrario, las fusiones que están siendo instadas por el partido de Albert Rivera y que ya ha producido la integración de formaciones locales y regionales, podría generar un actor de mucho peso en una serie de elecciones en las que se prevé una caída muy significativa del bipartidismo.

Díez sabe que una fusión como la que desean sus conmilitones daría todo el poder al líder de Ciudadanos y supondría probablemente el fin de su carrera política. Pero la resistencia numantina puede llevarle también irremisiblemente al mismo destino, y al menos si tuviese un gesto de magnanimidad saldría de escena con mucha mayor gallardía.

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