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Opinion EDITORIAL

Un año de Govern perdido

Catalunya funciona con el automatismo de la potencia de su sociedad civil, pero todas las inercias tienen un límite

 

Diari de Tarragona

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Quim Torra al seu despatx del Palau de la Generalitat. EFE

Quim Torra al seu despatx del Palau de la Generalitat. EFE

El balance del primer año del Govern de Quim Torra ha disparado las alarmas de los agentes sociales de todos los sectores por lo que en términos generales se considera una inacción que amenaza el futuro de Catalunya. El president Torra sigue centrando toda su actuación en cumplir los encargos que recibe desde Waterloo para mantener vivo el conflicto y seguir tensionando las relaciones con el Estado. Torra ni se plantea la convocatoria de elecciones. Es un riesgo que no le interesa correr ante el creciente malestar por la poca incidencia de la acción de gobierno. Los datos macroeconómicos han servido de escudo al president para repeler todas las críticas que le han llovido. Efectivamente hemos tenido un crecimiento del PIB del 2%, una reducción del paro del 2,6%, y el número de ocupados han crecido un 2,7%. Con todo lo que está cayendo Catalunya sigue creando empresas y crece la producción industrial. Todo esto es así, pero sería de irresponsables obviar las señales de alerta que esta misma semana han lanzado las asociaciones empresariales desde el Cercle d’Economia y desde Foment del Treball. Ni siquiera el crecimiento de las exportaciones por octavo año consecutivo debe servir de argumento para ocultar la inacción del Govern. No ha citado el president la alerta que han lanzado todos los rectores de las universidades catalanas por la falta de inversión en la principal plataforma del futuro de todo país avanzado.  
Otros sectores fundamentales del estado del bienestar como es la sanidad acumulan déficits desde hace años sin que se ponga remedio. La parálisis legislativa y de proyectos en todos los órdenes es total. Por no tener no disponemos ni de presupuestos porque el Govern se resiste a presentar ninguna propuesta en el Parlament ante el riesgo de perderla y quedar en evidencia. Catalunya funciona con el automatismo de la potencia de su sociedad civil, pero esta inercia se acabará si no se reacciona inmediatamente. Podemos decir que Catalunya funciona, pese al Govern. Pero todo tiene un límite.

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