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Opinion TRIBUNA

Un baño de realidad

La unilateralidad se ha demostrado inviable y seguir en la deriva del procés sumará a la división, la ruina económica y más paro.
En estos momentos, ni DUI, ni Tabarnia, Altafulla.

Fèlix Alonso

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Fèlix Alonso. Alcalde de Altafulla y diputado de En Comú Podem por Tarragona.

Fèlix Alonso. Alcalde de Altafulla y diputado de En Comú Podem por Tarragona.

E n democracia la gente decide y responde a las preguntas que en unas elecciones la hegemonía cultural le plantea. El pasado 21-D la población votó lo que creyó conveniente. Lo hizo con los sentimientos a flor de piel: unos porqué tenían miedo a la humillación que les podía suponer el ver la realidad con toda su crudeza y que sus dirigentes encarcelados o huidos no les quisieron decir: que eso aunque fuera una manifestación testimonial, el aparato del Estado y la Unión Europea no estaban para juegos de palabras y que la inexorable maquinaria judicial empezaba a responder. 
El PP convirtió un problema político en un problema judicial. Otros tenían miedo de una propuesta que, aunque utilizando palabras bonitas, estaban dispuestos (los hiperventilados) a imponer su pensamiento a la mitad de la población sin miramientos. Todos sabemos cómo se llegó hasta aquí y el castigo electoral que ha recibido el quietismo. El resultado vuelve a ser el de una sociedad dividida en dos mitades que hay que zurcir y que una parte no se puede imponer a la otra. La unilateralidad se ha demostrado inviable y seguir en la deriva del procés sumará a la división, la ruina económica y más paro. 
En este contexto si alguien de los pirómanos habituales echa gasolina al fuego las consecuencias pueden ser dramáticas, especialmente en aquellos que no tienen un puesto de trabajo seguro o un colchón para soportar años de recesión. La broma de Tabarnia, no es tal, hay situaciones (salvando las distancias) que se han dado en otros países y han sido un desastre: el Ulster, Bosnia, Kosovo, Ucrania o, por qué no, Euskadi en los años del plomo. 
Una sociedad que celebra sus fiestas de forma separada, que escucha medios y propaganda diferentes, que no se habla... Esto no es Altafulla, ni puede serlo. Tenemos un pueblo que es la envidia de todos, bonito, saneado, donde la crisis ha pasado más suave que en otros lugares, con capacidad de liderazgo, con buena gente... ¿Lo queremos estropear? El día 1 alguno tocó el agua del Mediterráneo para recibir el año, tengamos un baño de realidad y sentido común. Hagamos de Altafulla el ejemplo. ¡Buen 2018!

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