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Opinion EDITORIAL

Un caos de administraciones públicas

La irracional  estructura administrativa de nuestro país puede provocar que un conductor pague el parquímetro en Cambrils y le multe un guardia de Vinyols

Diari de Tarragona

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El vendaval político que ha desencadenado el procés soberanista y el hecho cierto de que la crisis económica ha dejado atrás su momento más despiadado, nos ha hecho olvidar muchas de las reclamaciones que hace poco nos ponían en pie. Por ejemplo nos referimos a la necesidad de recortar y simplificar las administraciones públicas de nuestro país. La crisis ha obligado a apretarse el cinturón, ha dejado en la cuneta a muchas empresas y a muchos trabajadores, ha provocado un derrumbe de salarios y ha generalizado los sacrificios en aras a rebajar costes. Sin embargo, nuestra estructura administrativa permanece intacta, como si estuviera blindada por una invisible e incomprensible patente de corso. A la superposición de administraciones hay que sumar un exagerado número de municipios y una no menos innecesaria nómina de políticos, a todas luces innecesarios para gestionar escasos censos de habitantes y no menos escuálidos presupuestos. No es extraño que tanta irracionalidad acabe provocando situaciones kafkianas como la que se está produciendo en los municipios de Cambrils y de Vinyols i els Arcs. Como consecuencia de nuestro anacronismo administrativo, el término municipal de Vinyols se introduce en forma de cuña en el de Cambril, de modo que hay incluso hay calles que tienen una acera en cada municipio. Este disparatado mapa ha ocasionado que una misma área comparta dos administraciones distintas de zona azul. Y para rizar más el rizo de lo inverosímil, los vigilantes de parquímetro multan a los conductores que han pagado el tiquet en las máquinas del municipio contiguo. El disparate es de tal magnitud que paraliza las ganas de indignarse. Como traca final, desde el Ayuntamiento de Vinyols han anunciado que si el ciudadano presenta recurso le será retirada la sanción. ¡Faltaría más! Lo lamentable es que se haya llegado a este extremo de embrollo administrativo. Urge recuperar la exigencia de racionalizar las administraciones públicas, urge simplificar los estamentos y apremia una gestión pública más ágil y eficaz.

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