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Opinion editorial

Un debate muy poco fructífero

Los reproches constantes entre unionistas e independentistas impidieron un debate de propuestas de gobierno

Diari de Tarragona

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El último debate en TV3 con los candidatos, excepto Puigdemon y Junqueras. EFE

El último debate en TV3 con los candidatos, excepto Puigdemon y Junqueras. EFE

El último debate electoral en TV3 entre los partidos que concurren a las elecciones de pasado mañana se convirtió, como no cabía esperar de otra manera, en una repetición constante del enfrentamiento entre los partidos independentistas y los unionistas. Bien es cierto que Miquel Iceta (PSC) y Xavier Domènech (En Comú Podem) hicieron esfuerzos baldíos por alejarse del intercambio de golpes, pero al final también quedaron atrapados en el monotema. Cualquier intento de centrar las respuestas sobre demandas concretas de los ciudadanos terminaban por desembocar en el cruce de reproches. Unas elecciones que no responden a una situación de normalidad no podían generar un debate electoral normal. Anoche no asistimos a un debate mirando al futuro en el que se pudiera escuchar qué políticas piensan aplicar los partidos independentistas tras el fracaso del procés, y tampoco pudimos escuchar ninguna propuesta concreta de los unionistas que no fuera la justificación de la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la recriminación constante de la situación generada por el soberanismo. Un ejemplo de lo que sucedió de forma permanente en el debate fue la respuesta de Jordi Turull (Junts per Catalunya) cuando se le preguntó sobre su prioridad de gobierno: «En estas elecciones -dijo- se tiene que votar en clave de dignidad democrática y luego podemos hablar de obra de Govern». Desde el otro lado de la trinchera podía escucharse a Xavier García Albiol (PPC): «Después de escuchar a los partidos independentistas creo que una parte de la población tiene que estar muy decepcionada. Lo único que tienen en sus labios es presos políticos y democracia».
Lamentablemente Catalunya tiene que superar el 21-D para centrarse de una vez en la recuperación de la normalidad política que permita recomponer el sosiego social, la confianza de los mercados y que devuelva el debate político a su cometido verdaderamente fructífero. Anoche atravesamos un trámite muy poco constructivo.

 

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