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Un día de Sant Josep

ANTONI COLL I GILABERT

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Un día de Sant Josep

Un día de Sant Josep

Como en tantas familias, por ser el santo de mi abuelo, mi padre, un hermano, una cuñada, un sobrino y una prima, Sant Josep se celebraba en casa como merecía. Un año el periodismo me llevó lejos de casa y hoy evoco aquel 19 de marzo de 1990 que me cogió paseando junto al Muro de Berlín.

La víspera se produjo un hecho notable: elecciones en Alemania Oriental. Era algo tan especial que el candidato ganador había prometido que haría desaparecer su Estado, para unificarlo con la otra Alemania.

El Muro ya había caído hacía cuatro meses, pero una pared de hormigón de tres a cuatro metros de altura y una longitud de 155 kilómetros (43 entre los dos Berlín) no se cae tan fácilmente, y allí estaba, aunque agujereado.

Fue un San Josep muy especial.

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