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Un día ilusionante

Frente a los 100.000 euros al año de algunos alcaldes, Ada Colau cobra 2.200 euros mensuales
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Este día 13 de junio con la llegada de plataformas de izquierda a diferentes consistorios, especialmente a los de las grandes ciudades, nos ha producido en muchos españoles una extraordinaria alegría. Alegría fundamentada en la creencia de que existen otras formas diferentes de hacer política.

La fiesta y el jolgorio desbordantes en las plazas o en los salones de plenos ante la llegada al poder municipal de personajes, muy enraizados en el pueblo, como Ada Colau en Barcelona; Manuela Carmena en Madrid; Joan Ribó en Valencia; Pedro Santisteve en Zaragoza; Xulio Ferreiro en A Coruña; Martiño Noriega en Santiago; Jorge Suárez en El Ferrol; y José María González “Kichi” en Cádiz, entre otros, han sido una prueba incuestionable de que algo importante estaba ocurriendo, y que estas mareas políticas van a ir a más y son imparables. Nadie podíamos imaginar esto hace 4 años. Con movilizaciones, como la del 15-M, han avanzado las sociedades modernas y democráticas. Los momentos más creativos de la democracia rara vez surgieron de los parlamentos o de los palacios presidenciales. Surgieron de las calles, donde los ciudadanos indignados forzaron los cambios de régimen o la ampliación de las agendas políticas.

Los actos de constitución de los consistorios de otras épocas fueron fríos, desangelados y estrictamente protocolarios. Los de ayer, día 13 de junio, han sido una auténtica manifestación de explosión popular.

Merece la pena detenerse en los comportamientos poco elegantes desde un punto de vista democrático de algunos miembros del PP, que no han sabido asumir su derrota electoral, y que, quizá por los muchos años de alcaldes, habían interiorizado que su cargo era ya patrimonial. Pueden servir los ejemplos: de Rita Barberá en Valencia y Francisco Javier León de la Riva en Valladolid, que dimitieron para evitar el trance de entregar el bastón de mando a sus sucesores. En Cádiz, la exalcaldesa Teófila Martínez desde la oposición, con un tono que sonaba a enfado, reiteró en diferentes momentos que la lista más votada tras el 24-M ha sido la suya “y, por tanto, con más legitimidad que ninguna otra para gobernar los próximos cuatro años”.

Las nuevas fuerzas políticas emergentes han mostrado unas líneas programáticas muy similares basadas en los siguientes principios.

La austeridad en los sueldos de alcaldes y concejales. Frente a las remuneraciones de 100.000 euros al año de algunos alcaldes anteriores, Ada Colau y Pedro Santisteve han prometido cobrar unos 2.200 euros mensuales. La Marea Atlántica en A Coruña aprobará un máximo de 40.000 euros. Joan Ribó ha prometido menos asesores y más funcionarios en tareas de alta dirección.

Revisión de los grandes planes de expansión urbanística que dejaron esbozados los alcaldes salientes, como la Operación Chamartín en Madrid o el puerto exterior de A Coruña, y que podían servir para generar grandes beneficios especulativos a las grandes constructoras.

Incremento presupuestario para financiar un plan de emergencia de rescate del ciudadano con diferentes programas de ayuda económica a las familias con menos rentas para cubrir sus necesidades básicas (luz, agua, alimentación). Los nuevos gobiernos de Madrid, Valencia, Zaragoza o Barcelona así lo han manifestado. Igualmente han mostrado sus intenciones de dar alguna solución razonable al problema de los desahucios. Sobre este tema puede ser interesante un fragmento de la entrevista realizada por El Periódico de Aragón a Pedro Santisteve, alcalde de Zaragoza: “En el caso de los desahucios hay que hablar con los bancos sobre moratorias de pago con aquellos deudores de buena fe que pueden acabar en la calle. Y frenarlos a cuatro años para ver si es cierto que hay recuperación económica. La obligación de los bancos sería el responder a la situación de emergencia social. Y puede que la legalidad les beneficie, no les obligue, pero hay una legislación internacional en materia de derechos humanos que es perfectamente aplicable en el Estado español. Y si no quieren entenderla, habrá que articular vías para que la ciudad sepa qué tipo de sistema bancario tiene este país y si apuesta por su beneficio o por la sociedad”. Política fiscal redistributiva. Mantenimiento de la presión fiscal de los principales impuestos (bienes inmuebles y circulación) para la mayoría de los vecinos aunque habrá reducciones a las rentas más bajas. Algunos de los nuevos gobiernos pretenden gravar a los bancos que poseen miles de viviendas vacías.

Potenciación de la participación ciudadana en temas diversos, como en la confección de los presupuestos. Según palabras de Pedro Santisteve “Sobre las consultas, nuestro objetivo es que los vecinos puedan decidir el 5% del presupuesto y fijar las prioridades del gasto en su barrio”.

Termino con una serie de reflexiones para el futuro. Hasta hoy estas plataformas compuestas por diferentes grupos políticos y movimientos sociales se mantienen compactas porque tienen un enemigo común: el expulsar de las instituciones municipales a los populares, como ensayo para hacerlo después del gobierno de España. Estas plataformas no solo deberían mantenerse compactas, sino que en torno a ellas se podrían unir todas las izquierdas en un proyecto político común, sea un Frente Popular o Unidad Popular, cara a las próximas elecciones generales, que son las realmente importantes. Ya lo he citado en otras ocasiones, y aunque pueda ser acusado de reiterativo, vuelvo a hacerlo por su trascendencia política, un texto breve y enjundioso, que deberían leer y reflexionar los dirigentes de las distintas formaciones de izquierdas, de Boaventura de Sousa Santos, titulado Primera Carta a las Izquierdas que explica y justifica la conveniencia de la unión de las izquierdas para salir de esta barbarie neoliberal.

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