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Un discurso de Robert Kennedy

Antoni Coll i Gilabert

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Antoni Coll i Gilabert

Antoni Coll i Gilabert

Un líder no es un pirómano. Se solidariza con los sufrientes y sabe cómo hablarles. Un ejemplo hoy oportuno: el discurso de Robert Kennedy el 4 de abril de 1968, el día que fue asesinado Martin Luther King, y tres meses antes de que lo fuera él mismo.

Bob viajaba en una gira como aspirante a la presidencia y al llegar al aeropuerto de Indianápolis le llegó la noticia de la muerte del líder negro. Camino del mitin, desechó el discurso que le habían preparado y habló con el corazón, cinco minutos.

Muchos asistentes se enteraron de lo ocurrido por él. En medio de la emoción les pidió la no violencia «Quizá sintáis deseos de venganza. Puedo comprender vuestro sentimiento. Yo también tuve un miembro de mi familia asesinado por un hombre blanco».

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