Un héroe y mártir de nuestro tiempo

Este insigne cantautor ha sido encarcelado por haber sido condenado en firme, no ya por sus tuits raperos de explosiva carga crítica contra el emérito, la Corona y los prohombres mencionados, sino por sus reiteradas acciones delictivas que han ido engordando su expediente policial

ALBERTO REIG TAPIA

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ALBERTO REIG TAPIA

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He de confesarles a ustedes, la frustración que me produce a estas alturas tener que reconocer el fracaso de mi proyecto de vida. Desde que desperté a la luz de la razón me afané por adquirir cierta cultura cinematográfica, literaria, teatral, musical, artística en definitiva, que equilibrara la que en ciencias sociales me estaba esforzando en adquirir para ganarme la vida dignamente. No tiene perdón de Dios que ignorara por completo hasta ayer por la tarde a ese pedazo de artista llamado Pablo Rivadulla Duró. Un hombre que, al parecer, está a la altura de Bob Dylan, Woody Guthrie, Pete Seeger, Joan Báez, Leonard Cohen, Facundo Cabral, Chico Buarque, Atahualpa Yupanqui, Violeta Parra, Víctor Jara, Pablo Milanés, Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa, Mercedes Sosa, Georges Moustaki, Serge Gainsbourg, Juliette Gréco, Georges Brassens, Jacques Brel, Chicho Sánchez Ferlosio, Paco Ibáñez, Luis Eduardo Aute, Patxi Andión, Elisa Serna, José Antonio Labordeta, Mikel Laboa, Rosa León, Raimon, Quico Pi de la Serra, Joan Manuel Serrat... y a cuantos otros de una lista interminable pudieran ustedes aportar.

Un cantor, un poeta, un activista perseguido por la Justicia de este Estado «fascista» que arremete con inexplicable fiereza contra un verdadero experto en pareados y ripios de rompedora y renovada fuerza poética. Un hombre de casa bona, hijo de un rico empresario que podría haberle proporcionado una formación de lujo, pero el muchacho, al parecer, carecía de talentos específicos y de la menor capacidad de sacrificio para labrarse un porvenir golpe a golpe, verso a verso, que es como normalmente se forjan los hombres y mujeres dignos de admiración y respeto, así que decidió hacerse «un progre» rapero convencido de que la mejor vía para solucionar los problemas de nuestro tiempo (entre ellos las evidentes disfuncionalidades de nuestro sistema político), que sólo pueden resolverse en el ámbito de nuestra civilización por vías democráticas y pacíficas, optó por el atajo imposible de dinamitarlo todo empezando por la voluntad de asesinar a quien nos incomoda en nuestro camino revolucionario.

De ahí que preguntara al líder político y espiritual de los movimientos antisistema, ya cómodamente instalado en un envidiable casoplón y desempeñando un cargo político de la máxima responsabilidad, que a quién preferiría «cargarse» (sic), si a Amancio Ortega, un empresario modélico (a diferencia de su progenitor), al emérito (poco modélico, ciertamente) o a José María Aznar (por su adscripción política). También recomendaba pegar tiros en la nuca a los «peperos», hacer explotar el coche de Patxi López (un miserable socialista), clavarle un piolet en la Cabeza a José Bono (otro que tal canta), y extender también tan profilácticas acciones a todo «socialisto» que se pusiera a tiro. También reprocha a Terra Lliure (la ex organización terrorista al servicio del independentismo catalán) que dejara vivo a Jiménez Losantos que fue tiroteado en las piernas por firmar un manifiesto en defensa del español.

No tiene perdón de Dios que ignorara por completo a ese pedazo de artista llamado Pablo Rivadulla Duró. Un hombre que, al parecer, está a la altura de Bob Dylan, Leonard Cohen, Pablo Milanés, Víctor Jara, Paco Ibáñez, Joan Manuel Serrat....

Este insigne cantautor ha sido encarcelado por haber sido condenado en firme, no ya por sus tuits raperos de explosiva carga crítica contra el «emérito», la Corona y los prohombres mencionados, sino por sus reiteradas acciones delictivas que han ido engordando su expediente policial y, cuando se dispone de tales antecedentes penales lo normal en todo Estado «fascista» es ingresar en prisión para saldar las cuentas adquiridas con la Justicia. Así que es muy lógico que un hombre con tan espectacular currículo se haya convertido en abanderado de la libertad de expresión (léase excreción) y haya enfurecido a tanto progre antisistema.

A este angelito la Audiencia Nacional ya le había condenado en 2015 a dos años de prisión por un delito de enaltecimiento del terrorismo. Fue imputado en 2018 por los sucesos acaecidos ante la Subdelegación del Gobierno de Lleida tras conocer la detención en Alemania del fugado Carles Puigdemont. De nuevo en enero de 2020 fue condenado a seis meses de prisión por un delito de lesiones y coacciones por haber agredido a un periodista en la Universidad de Lleida durante una rueda de prensa. El juez consideró probado que nuestro progre revolucionario y adalid de la libertad de expresión empujó, insultó y roció con un líquido de limpieza a un periodista, y por este motivo, además de la pena de prisión, se le obligó a indemnizar a la víctima con 12.150 euros y a una multa de 5.400 euros por coacciones al haber impedido que los periodistas cumplieran con su trabajo. De nuevo fue condenado en junio de 2020 a dos años y medio de cárcel y a una multa de 2.400 euros por agredir a un hombre que fue testigo en un juicio y cuyo testimonio iba en contra del de un amigo suyo.

Pese a todo lo que antecede nuestro héroe no había ingresado aún en prisión, y si lo ha hecho ahora ha sido por los antecedentes penales reincidentes reseñados, y no por manifestar su desprecio al ex monarca, a líderes políticos del PP o del PSOE y a sus seguidores y votantes... Así que es perfectamente lógico que se levantasen todo género de protestas y quedara legitimada la violencia callejera desatada estos días contra indefensos comerciantes que tratan de ganarse la vida con su trabajo así como destrozar el mobiliario público que pagaremos nosotros, no ellos. Entre los manifestantes antisistema e independentistas identificados por la policía se han encontrado ballestas y arpones de cinco puntas...

Se me olvidaba decirles que semejante sujeto, el tal Pablo Rivadulla, un independentista pata negra, convertido en héroe y mártir de nuestro tiempo por la libertad de expresión, es más conocido como Pablo Hasél.

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