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Opinion EDITORIAL

Un máster de promoción de ciudad

Tarragona ha cursado un máster apresurado de proyección externa que debemos aprovechar para la próxima ocasión.

 

Diari de Tarragona

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El alcalde de Orán recibe de manos del alcalde de Tarragona la bandera olímpica. EFE

El alcalde de Orán recibe de manos del alcalde de Tarragona la bandera olímpica. EFE

Durante días y quizás meses, seguirán las discusiones sobre el balance de los Juegos Mediterráneos. El sesgo ideológico que desde un principio ha lastrado la celebración del evento seguirá pesando mucho a la hora de emitir un veredicto sobre el resultado de la celebración. Una cuestión no ofrece ninguna duda. Tarragona ha obtenido una enorme experiencia en organizaciones deportivas internacionales. Tarragona ha hecho un máster en acontecimientos de referencia y debe aprovecharlo para futuras convocatorias a las que la ciudad podrá optar sin complejos y con el aval de haber superado con nota unos Juegos Mediterráneos en los que todo jugó en contra de la ciudad, empezando por la propia ciudad, algo inaudito en cualquier otro lugar que no sea Tarragona. Que nadie olvide, y esta debe ser la primera lección que nos deja los Juegos, que emprender un reto de este tipo para una ciudad de las dimensiones de Tarragona requiere el consenso de todos. No se puede ser pocos y además ir divididos. Gran parte de los males han tenido su raíz primera en las disensiones internas que han frenado, y no poco, las ayudas de las administraciones autónomas y estatales. Si Tarragona hubiera acudido desde un principio como una piña ante los palacios de Barcelona y Madrid, nos habríamos ahorrado muchos disgustos. La segunda lección nos lleva a considerar que el rendimiento de situar la marca de ciudad en el universo de atracción turística es un intangible que debe valorarse en su justa medida. Y no sirve aquí la frase hecha de que hablen de uno aunque sea mal. Conviene que hablen de Tarragona y que hablen bien. En este caso hemos logrado que se hable de Tarragona como nunca, pero debíamos haber evitado que se hiciera mal. Los fallos de organización y de planificación, perfectamente evitables porque no faltaron las voces que advirtieron dónde se estaba trabajando mal, no pueden repetirse de nuevo en otras ocasiones. No hay que pasar página de los Juegos. Hay que hacer balance y aprender de los errores. A la próxima será mejor.

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