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Un partido de segunda fila

La no hegemonía de Podemos desactiva un discurso ´pensado para ganar´. Son un partido convencional de segunda fila
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La política ha adquirido una extraordinaria volatilidad. Un partido, un líder, un movimiento, e incluso una idea, suben y bajan en la Bolsa de la opinión pública como el más efímero de los valores comerciales. Por ejemplo, la potencia con que Podemos irrumpió en el panorama político español, como transcripción política de la indignación ciudadana del 15-M, no ha terminado de adquirir consistencia. Tras las europeas, que representaron el ingreso de la nueva formación en el mapa del sistema de representación, las elecciones andaluzas, primero, y las autonómicas y municipales, más tarde, han situado a Podemos en un discreto tercer lugar en el ranking, que sigue encabezado por los dos grandes partidos tradicionales. En definitiva, el panorama que se asoma a las elecciones generales es ahora cuatripartito, con dos formaciones mayores y dos menores –Podemos y Ciudadanos–. De este dibujo se desprende que surgirá la necesidad de formar un gobierno de coalición. La no hegemonía de Podemos desactiva un discurso «pensado para ganar», como reconocían los principales responsables de la organización, ya convertida en partido político convencional. Las declaraciones utópicas que hablaban de un nuevo proceso constituyente, basado tácitamente en la expectativa de una gran mayoría, suficiente para acometer tal designio, pierden sentido en un marco en que Podemos es simplemente un actor de segunda fila.

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