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Un pensador sólido

Antoni Coll i Gilabert

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En la reciente cabalgata de Reyes de Tarragona a un rey se le ocurrió referirse al Niño Jesús en su parlamento, y recibió críticas por ello, como si la fiesta de los Magos no tuviera nada que ver con aquel niño nacido en Belén.

Zygmunt Bauman encontró una explicación a lo que nos sucede y la llamó «modernidad líquida». A sus 91 años, este sociólogo polaco que vivía en su refugio británico de Leeds, había diagnosticado que la modernidad despreciaba las ideas, la religión, una familia estable, los compromisos de amor, un empleo indefinido…

Los líquidos se adaptan a sus envases. La crisis de los refugiados despierta recelos en los países acogedores –vendrán a comer nuestro pan, nos quitarán el trabajo– y la solidaridad pasa a ser un valor líquido. También criticaba el consumismo: «Todas las ideas de felicidad acaban en una tienda».

¿Era pesimista? Era lúcido… y sólido.

 

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