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Un periodista distinto

Antoni Coll i Gilabert

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Con su agudeza característica, Chesterton dijo que «el Periodismo consiste esencialmente en decir ‘Lord Jones ha muerto’ a personas que no sabían que vivía».

Algo así me ha ocurrido con la muerte de Jimmy Breslin. Sabía de Gay Talese y de Tom Wolfe, a quienes se le ha comparado, pero nada de este neoyorquino que tuvo como sello ser el periodista de los humildes.

Aunque ganó un Pulitzer por su reportaje sobre un enfermo de Sida, su gesta más renombrada fue entrevistar al enterrador de John F. Kennedy. Fue al único que se le ocurrió, y narró con lujo de detalles que Pollard, aquel domingo mientras desayunaba huevos con bacon, recibió una llamada del capataz de Arlington pidiéndole que fuera al cementerio para cavar una tumba. «Supongo que te imaginarás para quien es», le dijo.

Breslin se daba cuenta de que a la gente le gusta leer historias humanas, de personas sencillas.

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