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Un populista en la Casa Blanca

Los ciudadanos que sufren los muros no tienen otra alternativa que intentar superarlos

Ponç Mascaró Forcada

Whatsapp

El resurgimiento de los movimientos populistas se ha producido, incluso, en territorios poco proclives, al menos en la historia reciente, como Europa o América del Norte. Después de unos años instalados en América del Sur y Centro América, en países como Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador o Nicaragua, en algunos casos por cierto con unos efectos devastadores, este fenómeno que parece perder fuerza en estos países ha llegado democráticamente a lugares históricamente poco favorables, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial y las malas experiencias populistas que condujeron a la misma.

Los populismos pueden ser muy de derechas o muy de izquierdas, pero curiosamente tienen siempre un elemento común para su crecimiento, que es la crisis económica. Y otro elemento que podríamos denominar ‘anticomún’, que es la inmigración en el sentido de que para unos es la causa de todos los males y para los otros debiera haber fronteras abiertas. El otro día recibí un irónico whatsapp que decía: «Un negro ha encontrado un maletín con dinero y lo ha devuelto. Luego dirán que los negros están integrados en el país». El populista de la Casa Blanca se ha encontrado con que la crisis la tenía prácticamente resuelta, pero se ve que había secuelas. Pero en cuanto a la inmigración, sí que está totalmente volcado para controlarla e intentar eliminarla. La solución de los muros nunca ha servido para resolver los problemas de la ciudadanía. Y estos problemas precisamente para lo que han servido es para superar los muros. Porque los ciudadanos que los sufren no tienen otra alternativa que intentar superarlos.

En Europa además los populistas tienen en común el tener a la Unión Europea como un enemigo. Los populistas de izquierdas, por la administración que ha hecho Europa de la crisis y los de derechas, por las políticas inmigratorias.

Y cabría preguntarse dónde reside el éxito de estas formaciones y del habitante actual de la Casa Blanca. Se piensa que el éxito radica en dos puntos: la transparencia y las soluciones milagrosas.

En cuanto a la transparencia, se quiere decir que todo lo hacen en público, hasta las peleas y discusiones. Todo es público y en directo y no solamente esto, sino que además generalmente se produce una constante i daliniana sobreactuación de sus dirigentes. Han desaparecido las buenas maneras, las buenas formas y lo que se entendía como buena educación. Lo que interesa es llamar la atención. Se ha de televisar en directo todo o se debe decir cualquier cosa de manera inmediata en las redes sociales. El último martes de Carnaval en las Baleares es costumbre salir al campo y tomar sobrasada a la brasa. Pues de allí recibía otro whatsapp donde aparecía el señor de la Casa Blanca moviéndose a derecha e izquierda para enseñar a las cámaras dos folios blancos donde se podía leer: «Ya tenc sa sobrasada apunt». Es decir, sobre todo y especialmente mirando a las cámaras y dándole a todo una gran importancia aunque no la tenga.

Por lo visto hay ciudadanos y ciudadanas que opinan que todo esto es claridad y transparencia en tiempo real. Pero ello no sería factible si no estuviera acompañado de soluciones milagrosas. En general son soluciones milagrosas pero que en los diferentes países que se han aplicado no han producido precisamente milagros.

Son soluciones en las que una parte importante de la ciudadanía escucha con agrado lo que desea escuchar. Es decir, mejoras en todos los servicios públicos y sociales, todo tipo de atenciones, ayudas y bonificaciones, y, si es preciso, retribuciones. El problema es de dónde sale la financiación y los ingresos para todos estos proyectos. Y la respuesta siempre suele ser la misma, de la lucha contra el fraude y la imposición a las grandes fortunas. Menos en el caso de EEUU de América, claro, donde el populista de la Casa Blanca ya es precisamente una gran fortuna. Pero se debe ser cuidadoso con los ingresos porque, si no, lo que sucede es que aunque sea de forma irregular salen las fortunas del país y se refugian en otros países superando controles que nunca acaban de ser completos. Y aquí sabemos mucho de ello. Y también sería interesante saber, por ejemplo, el capital que en estos últimos años ha salido de Venezuela a pesar de las amenazas de su apocalíptico presidente, de forma que les ha llevado a declarar a la nación en situación de emergencia alimentaria.

Siempre es delicado hablar solamente de derechos y no de deberes, porque en la vida real sin sacrificios personales y autodisciplina pocas cosas realmente se pueden conseguir. Por tanto los grupos políticos populistas o no lo que debieran conseguir no es que la gente pueda pensar que se puede vivir solamente exigiendo derechos, sino que lo que se debe conseguir es que quién se esfuerza y se prepara con fuerza e interés y está dispuesto a trabajar por cuenta propia o ajena pueda encontrar su sitio laboral y social. Y el escaparate solamente sirve para vivir y además vivir bien a los que están todo el día en él. Porque como dice Melendi en su canción: «La ventana del patio de luces puede ser más brillante que la que da a la calle».

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