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Un último esfuerzo

Ahora que ya tenemos la vacuna aquí y que ya vemos la luz al final del túnel, ¿no sería recomendable extremar las medidas y la prudencia en un último esfuerzo?

ÁLEX SALDAÑA

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Un último esfuerzo

Un último esfuerzo

Que gestionar una pandemia mundial como la que estamos padeciendo, que llegó sin manual de instrucciones, no debe de ser una tarea sencilla está claro. Que hacerlo además en un país con unos partidos políticos cainitas que están más pendientes de desgastar al rival que de buscar el bien general convierte el reto en toda una odisea. Pero, con todo, hay demasiadas cosas en la forma de encarar esta crisis sanitaria, económica, emocional y social que cuestan mucho entender. Tras unos primeros meses de gestión centralizada –«el virus no entiende de territorios», se decía entonces– en los que las comunidades autónomas clamaban por recuperar sus competencias, el Gobierno cedió y permitió que cada autonomía se enfrentara a la pandemia como mejor creyera, entendiendo –o desentendiéndose– que ahora el virus sí sabía distinguir entre territorios, con la consecuencia de que tuvimos –tenemos– 17 formas diferentes de hacer frente a un bicho que nos ataca a todos.

Así pasamos la segunda ola. Y ahora que ya está aquí la tercera y que las comunidades, desbordadas por la fuerza con que golpea el virus, piden medidas más drásticas, como adelantar el toque de queda, el Gobierno dice que no es necesario. ¿De verdad no lo es? Ahora que ya tenemos la vacuna aquí y que ya vemos la luz al final del túnel, ¿no sería recomendable extremar las medidas y la prudencia en un último esfuerzo para, al tiempo que se incrementa el ritmo de vacunación –condición sine qua non–, salir de esta pesadilla cuanto antes? Las restricciones son duras y a nadie gustan, pero, ¿existe otra forma de salvar vidas y comenzar a recuperar la economía y la normalidad?

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