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Opinion EDITORIAL

Una Constitución manifiestamente mejorable

Debemos afrontar sin complejos una reforma de la Constitución que dé una respuesta adecuada a los anhelos de Catalunya

 

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Solemne izado de bandera en la plaza de Colón de Madrid. EFE

Solemne izado de bandera en la plaza de Colón de Madrid. EFE

Catalunya no está para muchas celebraciones mientras no se consiga sosegar la situación política y regrese la normalidad a las instituciones públicas. Por ello, si para algo debe servir hoy el día de la Constitución es para reflexionar la manera de conseguir que la Carta Magna permita ofrecer como mínimo otros 39 años de convivencia y prosperidad entre todos los pueblos de España. La Constitución de 1978, con todos sus defectos, supuso un gran salto en la organización política española y permitió transitar de una dictadura, que lo había dejado todo «atado y bien atado», a una democracia homologable con cualquier otra de los países occidentales. Es evidente que las circunstancias en las que hubo que redactar el texto constitucional no permitieron plasmar todas las exigencias que requería la peculiaridad de España y hubo que recurrir a eufemismos para definir la realidad nacional de Catalunya y Euskadi, diferenciadas claramente del conjunto de regiones. Pese a todo, los avances logrados al abrigo de la Constitución son innegables. En el caso de Catalunya, jamás se había logrado un nivel tan amplio de autogobierno, ni se había conseguido recuperar y normalizar los cimientos de la identidad catalana, como es la lengua propia, como se ha conseguido con la actual Constitución.  
Sin embargo, por la impericia de sucesivos gobiernos centrales, la interpretación de la Constitución en lugar de avanzar hacia lecturas más evolucionadas que permitieran incorporar aquellas reivindicaciones que el posfranquismo impidió, se ha retrocedido hacia posiciones más retrógradas que, en el caso de Catalunya, han hecho crecer el independentismo de forma inusitada. Aquellos polvos trajeron estos lodos. Todavía se está a tiempo de afrontar sin las cortapisas de 1978 una reforma constitucional que resuelva el encaje de Catalunya en España de forma satisfactoria. El independntismo siempre existirá, pero difícilmente será una opción mayoritaria si la ley fundamental del Estado da una respuesta adecuada a los anhelos catalanes.

 

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