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Opinion Editorial

Una Diada en convivencia

La protesta, la movilización y otras actividades para canalizar la discrepancia también tienen cabida dentro de los cauces no violentos. Por encima se todo debemos preservar la convivencia.

 

Diari de Tarragona

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Salida de la reunión semanal del Govern de Catalunya. EFE

Salida de la reunión semanal del Govern de Catalunya. EFE

La Diada Nacional de Catalunya que se celebra mañana se prevé como el primer acto de un conjunto de movilizaciones en torno a la sentencia del Tribunal Supremo sobre el procés. En un principio, la división entre todas las formaciones independentistas y su líderes había provocado una considerable desmovilización entre los fieles participantes a la Diada, Sin embargo, según los organizadores, un «sprint final» ha permitido recuperar los niveles de participación del pasado año. Por lo que respecta a las comarcas de Tarragona, la ANC y Òmnnium Cultural aseguran una movilización de 21.000 personas que acudirán a Barcelona por distintos medios, entre ellos unos 300 autocares. Es deseable que el deterioro del clima político en Catalunya no derive en una jornada conflictiva y que la movilización y cuantos actos giren en torno a la celebración tengan el carácter pacífico y festivo que siempre los ha caracterizado. Ni siquiera el previsible tono de protesta ante la sentencia inminente que puede significar penas importantes para la mayoría de procesados, no debería desviar la línea original por la que siempre ha transitado el movimiento independentista, es decir, el rechazo absoluto de cualquier tipo de violencia.

Las declaraciones recientes de varios líderes independentistas en el sentido de que no se acatará ninguna sentencia que no signifique la absolución no tienen otro objetivo que calentar los ánimos. Se ha acatado el procesamiento, se ha acatado el juicio y se ha acatado una prisión preventiva interpretada como excesiva desde distintos puntos de vista, no sólo políticos sino también jurídicos. También se acatará, pues, la sentencia, lo que no quiere decir que se comparta y por supuesto que no se pueda recurrir a las altas instancias judiciales europeas. Este y no otro debe ser el camino, entre otras cosas porque es el único posible, viable y civilizado. La protesta, la movilización y otras actividades para canalizar la discrepancia también tienen cabida dentro de los cauces no violentos. Por encima se todo debemos preservar la convivencia.

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