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Opinion Editorial

Una Diada para aprender la lección

Ha quedado claro que la Diada 2019 ha dado un soberano aviso a los partidos independentistas.

 

Diari de Tarragona

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Participantes de l'Alt Camp en la concentración de la Diada en Barcelona. ALBA TODO

Participantes de l'Alt Camp en la concentración de la Diada en Barcelona. ALBA TODO

Los pronósticos que auguraban un pinchazo de la manifestación de la Diada se han cumplido y la concentración de ayer fue la que ha reunido menos participantes desde el 2012. Según las cifras de la Guardia Urbana de Barcelona, alrededor de 600.000 manifestantes se congregaron en el recorrido dispuesto por los organizadores (la ANC, Òmnium y la AMP). Es una cifra considerable, pero mucho menor del millón de personas que se movilizaron el año pasado y a muchísima distancia de los 1.800.000 que acudieron el 2014, año en que se alcanzó el récord de participación. Ni los últimos esfuerzos de los líderes de Junts per Catalunya y ERC para intentar proyectar un gesto de unidad, ni los llamamientos de la ANC y Òmnium para dar un toque a los partidos independentistas, han servido para maquillar el fiasco, siempre valorado en función de la referencia que ofrecen los otros años. Evidentemente la calle no es un indicador muy preciso. Las cifras de participación de los eventos callejeros son muy manipulables, pero las calles de Barcelona están muy tasadas respecto a las grandes concentraciones independentistas. Casi no hacen falta los cálculos de la Guardia Urbana para cerrar un cómputo aproximado de lo ocurrido. Y en esta ocasión ha bastado el vuelo del helicóptero de TV3 par echar las cuentas.

Ha quedado claro que la Diada 2019 ha dado un soberano aviso a los partidos independentistas. Seguro que habrán tomado nota, pero queda la duda de que sepan extraer la lección y aplicar las correcciones en el sentido adecuado. Es evidente que los catalanes ya no están para echarse a la calle de forma masiva cada Onze de Setembre para saludar el paso de las nubes. El 11-S como performance independentista ha tocado suelo. Una vez batidos todos los récords de participación y de esterilidad es hora de encarar nuevos caminos que conduzcan a Catalunya por la senda del progreso, de la convivencia, del bienestar, y de la mejora de las señas de identidad. Un camino conocido y transitado que, sin duda, tiene muchas posibilidades de mejora.

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