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Una Tarragona más cálida y más seca

Artículo de opinión de Enric Aguilar, Doctor en Geografía Física e investigador sénior en el Centre en Canvi Climàtic

Enric Aguilar

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Foto: Freepik

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Estamos abocados a un clima más cálido y, muy probablemente más seco, aunque la situación meteorológica de febrero nos invite a pensar en frío, lluvias, granizadas y nevadas. En esta afirmación está implícita la diferencia entre tiempo (estado puntual de la atmósfera) y clima (estado medio de la atmósfera). Para el meteorólogo es de interés analizar el desarrollo durante este mes de un calentamiento estratosférico súbito, que ha modelado la circulación atmosférica para que las entradas de aire siberiano y aire polar alcancen la Península Ibérica, dejándonos los fenómenos ‘meteorológicos’ (o ‘tiempo’) que han afectado nuestra rutina diaria.

Para el climatólogo, en cambio, es de interés comparar los valores actuales con los esperados. Nuestro clima mediterráneo se caracteriza por unas temperaturas suaves y por unas precipitaciones moderadas y escasas, especialmente durante el periodo estival, de carácter árido. Tanto para el Servei Meteorològic de Catalunya como para la Agencia Estatal de Meteorología, el pasado otoño fue una estación más cálida y seca de lo esperado, situación que se repitió durante buena parte de 2017. Mayor temperatura y menos aporte hídrico implican la aparición de la sequía, fenómeno recurrente y característico del clima mediterráneo, pero cuya intensidad y duración está aumentado en relación con el cambio climático. 

En un artículo publicado en la revista Theoretical and Applied Climatology, realizado por investigadores del Centro en Cambio Climático (C3) de la URV, utilizábamos dos indicadores estándar en el estudio de la sequía: el Standardized Precipitatacion Index (SPI) y el Standardized Precipitation and Evapotranspiration Index (SPEI). Ambos comparan la precipitación obtenida con la esperada, pero el segundo incluye la evapotranspiración, es decir, el efecto de la temperatura. El estudio -que analizaba 24 series de la Península Ibérica desde inicios del siglo XX hasta 2010– identificaba diversos periodos secos en los años 1920s, 1940s, 1950s, y resaltaba los años 1945, 1995 y 2005 como los de condiciones secas más severas.

El lector recordará las restricciones al consumo que se sucedieron a partir del 2005. Lo más remarcable de nuestro estudio, no obstante, es que el índice SPEI (con E de ‘evapotranspiración’) encuentra desde los años 80 una mayor severidad y extensión temporal y espacial de la sequía, justamente durante el periodo en el que las temperaturas se incrementan con mayor intensidad en la Península Ibérica. Es evidente que, a pesar de la irregularidad de la precipitación y alternancia de años secos y húmedos, el aumento de las temperaturas asociado al calentamiento global provoca que el agua caída tenga un menor aprovechamiento, ya que los procesos evaporativos actúan a mayor velocidad. 

El cambio climático se asocia también a precipitaciones más intensas, y, por tanto, peor aprovechadas. Si miramos al futuro, las proyecciones climáticas basadas en modelos, disponibles en la web www.aemet.es, sugieren con alta probabilidad un clima más cálido y más seco para toda la Península Ibérica, incluso en los supuestos o escenarios de mayor reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Si buscamos información más detallada, a nivel provincial, la Tarragona de final de siglo será entre 1°C (según el modelo más optimista y suponiendo una drástica reducción de emisiones)  y 6 °C más cálida (según el modelo más pesimista y con una disminución limitada de emisiones) que la del año 2000.

Por lo que se refiere a precipitación, las discrepancias entre modelos son mayores, pero indican reducciones para final del siglo XXI que oscilarían entre un 5% y un 40%, que serán más significativas en el contexto de una mayor temperatura y, por tanto, aumentarán la frecuencia e intensidad de los periodos secos. En resumen y, enlazando con la primera frase de este artículo, aunque el tiempo nos pueda traer días fríos y lluviosos, el clima nos traerá una Península Ibérica y una Tarragona más cálida y más seca. 

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