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Una Tarragona moderna y ambiciosa

Tarragona sólo vibra en su zona de confort del folklorismo. Los Juegos son una buena razón para despertar la ambición
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El alcalde de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros, no ha podido ser más contundente en la entrevista que hoy publica el Diari: «Los Juegos del Mediterráneo ya no los para ni el proceso soberanista». Vamos a contrarreloj. Tarragona 2017 ya no admite más dilaciones, ni dudas, ni medias tintas. Demasiado tiempo se ha perdido en discusiones internas y en tacticismos políticos. Ha sido una lástima. La eterna desunión de los tarraconenses no ha conseguido superarla ni un proyecto tan positivo e ilusionante como unos Juegos del Mediterráneo. Se argumentará que ya no son lo que fueron y que no han llegado en un buen momento económico. De acuerdo. Pueden ser argumentos que rebajen las expectativas, pero nunca debían de servir para tirarlo todo por la borda. El verdadero trasfondo hay que buscarlo en el mal endémico de una ciudad desarticulada en su proyecto social, envidiosa de los éxitos del vecino, insulsa en aspiraciones de futuro y rancia en ambición. Tarragona sólo vibra en su zona de confort del folklorismo. No hay más altura de miras. Los Juegos del Mediterráneo nos dan esta oportunidad que todavía estamos a tiempo de aprovechar. Pero ya no se admiten más pérdidas de tiempo en jugarretas palaciegas, en plenos municipales baldíos e inoperantes y en tacticismos electoralistas de pueblo de secano. A ver si por una vez Tarragona levanta su orgullo de ciudad moderna, próspera, ambiciosa y unida. Los Juegos son una buena excusa.

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