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Una extraña recuperación

El ciudadano medio no sabe a qué atenerse y dónde está situada la deseada recuperación
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El momento para conseguir la recuperación de un estatus ciudadano que en parte se había perdido siempre es bueno y oportuno. Pero si este momento coincide con un periodo electoral de nada menos tres elecciones seguidas, a pesar de no dejar de ser bueno y oportuno, resulta muy difícil saber si la recuperación es cierta, hasta qué punto se produce y su alcance real.

Y ello no le pasa solamente a este articulista, sino que le pasa nada menos que a un 80% de ciudadanas y ciudadanos según una última encuesta de hace unos pocos días. Y cabe preguntarse por qué se produce este fenómeno y la contestación tal vez haya que buscarla en la forma de plantearla por parte de unos y otros.

Es decir el Gobierno central facilita unas cifras, que además son ciertas, pero con unas magnitudes que no llegan a comprender o a ver en la práctica la gente que está a pie de calle y sobre todo la enorme masa de parados, y el voluntariado y las entidades y asociaciones sociales. Muchas veces y por desgracia las enfermedades llegan con gran rapidez pero las recuperaciones suelen ir lentas.

Y la oposición realiza un discurso que parece que lamenta y que la entristece que algo se vaya mejorando la situación. Con lo cual el ciudadano medio no sabe exactamente a qué atenerse y dónde está situada exactamente y en estos momentos la deseada recuperación.

Cabe recordar que cuando empezó la dura crisis se llegó a tildar de antipatriotas y exagerados, por los medios en que salían, a los economistas y profesionales, muy pocos por cierto, que proclamaban su llegada y que por cierto fueron los únicos que acertaron. Anunciaban efectivamente una tempestad tan grande que recordaban en cierta manera a los telepredicadores americanos, pero acertaron.

Y ahora sería interesante que no ocurriera lo mismo pero exactamente al revés. Es decir que nadie se creyera que la recuperación poco a poco, pero ya con ciertos indicios racionales, está empezando y que al final y por varios factores nosotros mismos la ralentizáramos más o la desperdiciáramos.

Pero se piensa que el problema de fondo que motiva la extrañeza del título de este artículo se debe a más factores, aparte de los ya indicados. Y tal vez el mayor sea el que las ciudadanas y ciudadanos dudan que las fórmulas utilizadas para llegar simplemente a entrever la recuperación, impuestas y dirigidas por las autoridades alemanas, fueran las únicas posibles y si hubieran podido existir algunas menos dolorosas y traumáticas sobre todo para los ciudadanos en situación de más debilidad económica y socialmente hablando.

No cabe ignorar que esta gran nación, con su elevado nivel en todos los sentidos y que es la que realmente lidera la Unión Europea, ha tenido y tiene unos lapsus históricos muy importantes que no hace falta repetir porque están en la mente de todos, pero sí conviene recordar el último. Y el último es el de cómo se puede explicar y cómo puede ser que la normativa y la práctica de un estado permita que una compañía como Lufthansa tenga un copiloto con tendencias suicidas y desde hace años. Imagínense que hubiera pasado si el tal copiloto hubiera sido italiano, griego o español. Es decir que se pueden dudar de todas las fórmulas, incluidas las germánicas.

Y un factor más que hace que se continúe considerando esta recuperación un poco extraña es que tampoco se acaba de ver con claridad la reconversión de la ingente industria de la construcción en otro tipo de industria más actualizada y que no tenga el peligro de la formación de burbujas. Y la prueba de ello es la cantidad de parados que continúan siéndolo y que en buena parte provienen de aquella industria y que no salen de su situación por dos motivos. Porque no acaban de formarse en otras especialidades, cosa que no es rara viendo el desbarajuste que se ha producido en muchos sitios con los fondos de los cursos de formación. Y porque no llega a aparecer esta industria moderna y nueva, aunque haya ya indicios de ella.

Y esta extraña recuperación sí parece en cambio que vaya produciendo también poco a poco una nueva forma de trabajar, un menor absentismo laboral y una mayor atención a los usuarios de los servicios. Y sobre todo se va desarrollando un mayor sentido de la solidaridad. Y también un mayor sentido para conseguir recuperar un estatus ciudadano de garantías reales y no solamente teórico para satisfacer necesidades básicas.

Y aprovechando el recuerdo de la pasada Semana Santa menorquina, me gustaría concluir recordando, a propósito del nuevo estatus ciudadano que se avista en el horizonte, el título de un cuadro de la pintora menorquina Zulema Bagur titulado Dibuixant camins amb les teves passes. Porque tal vez y durante demasiado tiempo ha predominado lo que el poeta de Ciutadella de Menorca Bep Joan Casasnovas titula como La paraula callada.

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