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Una fuente en la plaza

Hace unas semanas completé la visita pastoral
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Hace unas semanas completé la visita pastoral que me ha llevado, en estos diez años como arzobispo, a entrar en contacto con todas las parroquias y con centenares de comunidades, entidades y familias que viven alrededor de ellas, en las ciudades y sus barrios o en los pueblos más pequeños.

A menudo he pensado durante este tiempo en aquella frase de Jesucristo a sus discípulos que se lee en la fiesta de Pentecostés: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo», tras de lo cual el Señor añadió: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Este mandado de ir a difundir el Evangelio y administrar los sacramentos, siempre con asistencia del Espíritu Santo, es lo que procuramos hacer todos los cristianos.

El papa Francisco nos pide precisamente «salir», no quedarnos en la comodidad de encerrarnos en nosotros mismos; visitar, sobre todo, las «periferias», que son los enfermos, los encarcelados, las personas necesitadas…

Esto es lo que la Iglesia siempre debe recordarse a sí misma, y fue lo que pretendió el Concilio Provincial Tarraconense que fue clausurado precisamente en la catedral de Tarragona el día de Pentecostés de 1995, es decir, hace veinte años, con la voluntad de ser –así se expresaba– »una fuente en medio de la plaza pública de la que mane el agua viva del Evangelio de Jesús».

En el citado Concilio se acordó impulsar la lectura y la oración con la Biblia, y un mayor conocimiento y aprecio del elemento central de la liturgia cristiana: la Misa. Creo que hemos ganado en esto, pero que podemos hacer mucho más. Y lo mismo con el compromiso de establecer una comunión más radical y concreta con los pobres.

En nuestra Archidiócesis son muchas las personas que trabajan silenciosamente en estos campos asistenciales de los que se benefician miles de personas cada año. Quiero darles las gracias y pedirles que continúen, sin cansancio, en esta labor indispensable que una larga crisis, imprevisible hace veinte años, hace aún más necesaria.

Y que todo ello (la Iglesia, ha dicho el Papa no es una ONG) lo hagamos bajo la guía del Espíritu Santo, viendo a Dios en cada hermano.

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