Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Más de Opinion

Una historia triste

Nuestras esperanzas de eliminar la acción del oligopolio bancario residen en el BCE
Whatsapp

El oligopolio bancario español ha proporcionado en los últimos decenios una muestra prístina de la ineficiencia que comporta la falta de visión estratégica para adaptarse a cambios definitivos en el entorno político y económico, cuando el fin supremo es mantener a toda costa la posición de privilegio de que se disfruta.

Las reglas de oro de nuestros banqueros han sido: en primer lugar, participar en todas las innovaciones institucionales y empresariales que se generasen en el sector financiero, con la intención de controlarlas y más tarde absorber su función, y así evitar que las fuentes de financiación alternativas a la suya propia tuvieran éxito; en segundo, utilizar a los productos financieros como complemento de venta cruzada y considerar a la banca de inversión en general, como competidora de su negocio típico ; en tercero, calificar el riesgo de crédito por la calidad de los colaterales y no por la consistencia y naturaleza de los ingresos que generaba la empresa o la persona prestatarios; en cuarto, tratándose de un mercado muy maduro, controlado y protegido al mismo tiempo por un regulador muy estricto en un país de fuerte tradición inflacionaria y devaluatoria, que financiaba regularmente por estas dos vías su desarrollo económico, la cuestión era desarrollar la banca de proximidad y ganar tamaño continuamente.

Primera consecuencia: el poco productivo y relativamente fácil negocio inmobiliario siempre tuvo un lugar preeminente en las operaciones activas de nuestra banca, sin que se tuviese el debido cuidado a la hora de considerar el riesgo de escenarios macroeconómicos como la crisis global de crédito que aún estamos sufriendo, ni por el lado de la tasación de la garantía real ni por el del apalancamiento adecuado a la capacidad de ahorro del prestatario.

Segunda consecuencia: La <bancarización absoluta> de la economía, es decir, la dependencia total de la banca comercial a la hora de financiarse, que la inmensa mayoría del tejido empresarial padece. Esta situación ya tradicional ha causado una fragilidad endémica de ese tejido por dos vías. Por una parte ha permitido la supervivencia ineficiente de empresas, cuya dimensión reducida convierte en carne de cañón durante las fases bajas del ciclo económico y que gracias a la financiación imprudente de la banca, malviven largo tiempo en una situación pre-concursal encubierta. Por otra, la estructura del pasivo de los balances empresariales ha permanecido desequilibrada en contra de la proporción de los recursos propios y de la financiación a largo plazo no bancaria, llevando a las firmas a un apalancamiento excesivo, que sus financiadores bancarios han permitido sin vacilar.

Estos defectos estructurales del colectivo empresarial, convirtieron al país en una bomba tóxica gigantesca y latente, cuya amenaza detonante provenía por el lado de la oferta y del exterior, como podía ser el shock financiero que se produjo realmente en 2008. Ésta ha sido una historia triste e inversa a la que se dio en Estados Unidos, cuando a mediados del siglo XIX la revolución del transporte y de las comunicaciones globalizó por primera vez la economía mundial, y la banca se negó a financiar a las empresas más allá de lo que la volatilidad de su negocio, su estructura financiera y su tamaño permitían, en un contexto de riesgo razonable.

El problema nodular es que las asimetrías oligopólicas de información (poder) sobre las que actúa el mercado son prácticamente imposibles de eliminar, si no es a partir de imperativos democráticos generados fuera de él. De ahí que nuestras esperanzas de eliminar la acción del oligopolio bancario sobre nuestra estructura económica, residan en la inspección del BCE y en las exigencias de nuestros socios acreedores de la Eurozona. Triste sí, pero es lo que hay.

Temas

  • TRIBUNA

Comentarios

Lea También