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Una lección de coraje

La historia del pequeño Víctor es una lección de coraje, de solidaridad, de esperanza… de vida

Álex Saldaña

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La historia del pequeño Víctor es una lección de coraje, de solidaridad, de esperanza… de vida. Una evidencia de cómo los profesionales sanitarios demuestran que su pasión y entrega son inagotables –por algo son héroes–. Todo comenzó con una ecografía rutinaria en la que detectaron que el niño venía con gastrosquisis. El diagnóstico era claro: fallo intestinal, necesita un trasplante multivisceral. Víctor nació el 8 de febrero de 2017. Ha pasado sus tres años de vida conectado a una máquina de nutrición parenteral, alimentándose a través de un catéter durante 18 horas al día, siempre en lista de espera para el trasplante de seis órganos. La tan ansiada llamada llegó a finales de febrero, cuando el niño empeoraba y la familia se temía lo peor. También era cuando se registraban los primeros casos de Covid-19. Sus padres no perdieron tiempo. En pocas horas abandonaron Barcelona y se plantaron en el Hospital La Paz de Madrid. La operación no fue fácil; más de una docena de profesionales, entre cirujanos, grastroenterólogos, anestesistas, intensivistas, enfermeras y auxiliares, trabajaron durante horas para colocar en el cuerpo del pequeño un estómago nuevo, el hígado, el duodeno, el intestino delgado, un segmento del colón y el páncreas. Víctor recibió el alta el viernes y fue despedido con aplausos por el personal sanitario de La Paz. Aplaudían los que merecen los aplausos. Siempre es así; la gente más grande es la más generosa. Como lo fue la familia que donó los órganos de su hijo en el peor momento de sus vidas, cuando acababan de perderlo. Sí, la historia de Víctor es la de la grandeza humana, la que permite que la vida se abra paso en medio de la tragedia.

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