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Una ley consensuada

Lo más importante de una ley electoral es que esté consensuada por la mayoría de las fuerzas políticas y ahora no sería el caso
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No tiene sentido la pertinacia del PP en sus propuestas sobre una reforma de la ley electoral, a menos que esté tanteando el terreno para dar un pucherazo en forma de reforma unilateral y precipitada con vistas a las generales, algo que un partido como el que actualmente gobierna en este país no se puede ni siquiera plantear. Y hay que suponer que no se plantea, pese a que, según algunos cálculos, si la ley electoral se hubiera reformado antes de las pasadas municipales, el PP gobernaría ahora en unas 20 alcaldías más. En cualquier caso, la reforma de la norma electoral que rige en las municipales, que es al parecer la gran obsesión popular, no es en modo alguno urgente puesto que faltan algo menos de cuatro años para que haya de aplicarse. Pero, además, no tiene sentido el afán permanente de reformar una legislación que durante más de 35 años ha permitido una representación correcta de los ciudadanos en las instituciones, y que no es ni mejor ni peor que otras que se puedan proponer. Lo realmente importante de la ley electoral -de cualquier ley electoral- es que esté consensuada -y la actual lo está-, que sea estable y que haya sido interiorizada por los electores.Y si la ley actual funciona y cumple estos requisitos, ¿qué sentido tiene pretender cambiarla? ¿Por qué no se derrochan las energías en asuntos más serios, relevantes y pendientes del interés general, como por ejemplo encontrar una vía de diálogo al problema con Catalunya?

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