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Opinion EDITORIAL

Una medida humana y políticamente buena

Quienes gustan de apagar los fuegos con gasolina criticarán todo cuanto contribuya a buscar un acuerdo en Catalunya.

 

Diari de Tarragona

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El president Quim Torra visita a los presos nada más llegar a las cárceles catalanas. EFE

El president Quim Torra visita a los presos nada más llegar a las cárceles catalanas. EFE

El traslado de los políticos del procés a cárceles catalanas es un derecho que contempla el ordenamiento jurídico español y, por tanto, entra dentro de la normalidad, máxime cuando se trata de presos preventivos, pendientes de juicio y, mientras no se demuestre lo contrario, inocentes a todos los efectos. Por demás, el juez que instruye la causa ha reiterado que no tiene inconveniente en los traslados y que es una cuestión que compete a la autoridad penitenciaria. Con todas estas premisas, mantener el internamiento en cárceles sumamente alejadas de Catalunya, no podría obedecer a ninguna causa justificable. El argumento que han desplegado los partidos de la oposición, con especial virulencia verbal por parte de algunos líderes de Ciudadanos, de interpretar el traslado como el pago al apoyo a la moción de censura contra Mariano Rajoy, es una tesis torticerea, destinada a envenenar la compleja situación que se vive en Catalunya. La recuperación de las relaciones institucionales, la vuelta al diálogo, la búsqueda de salidas pactadas al grave conflicto político que estamos viviendo no se conseguirá arrojando gasolina al fuego. El traslado de los presos es una medida reglamentaria, perfectamente legal, humanamente deseable y políticamente acertada para avanzar en el deseado camino del sosiego. Quienes ponen el grito en el cielo por una medida tan elemental como el acercamiento de los presos a sus familias, deben estar deseando que el Gobierno emprenda verdaderas acciones de iniciativa política para lanzarse a la yugular de Pedro Sánchez. Pero no hay otro camino para buscar una solución en el conflicto con Catalunya. El inmobilismo de Mariano Rajoy, la negligencia en la acción política y la táctica de ensodar el muerto a la judicatura nos han aislado en un embrollo de dificultosa solución. Las encuestas reflejan que el nuevo Gobierno, por el mero hecho de superar la anterior situación, ha destensionado a la sociedad española. Es necesario seguir por el camino de la acción decidida con la política, la buena política por delante.

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