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Una primera ministra que rompe moldes

La finlandesa Sanna Marin es la más joven entre todos los mandatarios mundiales actualmente en el cargo. Pero es mucho más que eso

Álex Saldaña

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Una primera ministra que rompe moldes

Una primera ministra que rompe moldes

Finlandia tiene desde ayer a la primera ministra más joven entre todos los mandatarios mundiales actualmente en el cargo. Se llama Sanna Marin, tiene 34 años y está acostumbrada a romper moldes y techos de cristal –no sólo es mujer y joven, sino que también es madre de una niña de un año–. De hecho, se metió en política porque no se sentía representada por ninguno de los líderes que había en su país –por lo visto, la mediocridad no es un mal exclusivamente nuestro–.

No tuvo una vida fácil. Su padre la abandonó y los documentos oficiales acreditan que es hija de madre soltera. Una madre que luego tuvo una relación de pareja con otra mujer, por lo que el éxito de Sanna también acalla las voces que hablan de carencias en los niños criados por dos hombres o por dos mujeres.

La primera ministra es un reflejo de la importancia de las políticas sociales, en especial el sistema educativo, al que, según ella misma, debe lo que es. Así, no es de extrañar que su programa contemple un aumento de la recaudación fiscal y un mayor gasto público en educación, sanidad, pensiones y prestaciones sociales.

Para llevarlo adelante cuenta con la colaboración de los cuatro partidos que junto al suyo forman la coalición de gobierno, liderados, todos ellos, también por mujeres, tres de ellas, menores de 35 años. Apunten su nombre: Sanna Marin. Oiremos hablar de ella.

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