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Una puerta a la esperanza

Si el alto el fuego es respetado, ´el escenario político´ propuesto también por Irán, protector de los huthíes, será un hecho
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Arabia Saudí ha recurrido a tres elementos clave para evitar su indeseable deslizamiento hacia una guerra general en Yemen: el aval norteamericano, el sentido común y el dinero. Con la última herramienta los saudíes abordan a menudo sus problemas y esta vez también: el rey Salman ordenó la semana pasada destinar 274 millones de dólares de «ayuda de emergencia» al Yemen. Es solo un factor en el arreglo multilateral negociado entre las partes en conflicto: Arabia Saudí hizo saber un par de horas antes de sacar el talonario que cancelaba la operación ‘Tormenta decisiva’, la ofensiva aérea emprendida con alguna ayuda árabe hace un mes, que desplegaría en la frontera su ejército de élite, la Guardia Nacional, y que actuaría en el marco de la resolución 2216 del Consejo de Seguridad de la ONU de 14 de abril. Si el alto el fuego es respetado, y el jefe rebelde Abd al-Malik al-Huthi ha dicho que lo respetará, se entrará en lo que ya todas las partes, saudíes incluidos, llaman ahora «el escenario político» propuesto también por Irán, protector regional de los huthíes, y el proceso de alto el fuego y vuelta a la negociación interpartidaria será un hecho. Hasta aquí los hechos, públicos y prometedores, en los que falta uno, el más relevante en términos políticos y estratégicos: que traducen la extendida convicción de que Arabia Saudí nunca ganaría una guerra sobre el terreno. sobre todo porque quien podría intentarlo, Egipto, rehusó la invitación.

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