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Opinion EDITORIAL

Unidad, ¿una palabra vacía?

La palabra unidad corre el riesgo de quedar vacía si no va acompañada de actuaciones políticas concretas y eficaces como la cooperación policial verdadera

Diari de Tarragona

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Misa en memoria de las víctimas celebrada en la Sagrada Familia de Barcelona. EFE

Misa en memoria de las víctimas celebrada en la Sagrada Familia de Barcelona. EFE

Los atentados de Barcelona y Cambrils tendrán un efecto colateral de carácter político. De momento sólo se ha pasado de puntillas sobre el tema porque la gravedad de las circunstancias, con muchas víctimas todavía debatiéndose entre la vida y la muerte, no aconseja hablar de otra cosa que no sea ayudar a los damnificados y perseverar en la desarticulación de la célula terrorista, varios de cuyos integrantes siguen desaparecidos o en búsqueda y captura. De pasada y con sordina se ha referido el president Puigdemont a que los luctuosos sucesos del jueves no alterarán la hoja de ruta soberanista. El presidente Rajoy ha hablado de forma reiterada de unidad, como lo hizo el Rey, y ha sido difícil no entender en sus palabras un deseo que va más allá de la lucha contra el terrorismo. Es indudable que la condición sine qua non para luchar contra la barbarie terrorista es la unidad de los demócratas, y no sólo la unidad de catalanes y españoles, sino la unidad de todos los europeos, de todos los países occidentales comprometidos con las libertades y la democracia. Pero no nos engañemos, el término unidad significa cooperación, coordinación policial, estrategias conjuntas, gestión de fronteras, etcétera. Unidad sin más no es otra cosa que un ejercicio de buenismo. Tarde o temprano tendrá que decirse sin tapujos que la cooperación policial en Catalunya no es la deseable, que los Mossos, por los recelos que genera el proceso soberanista, no tienen acceso a determinadas informaciones estratégicas e imprescindibles para la lucha antiterrorista. Tarde o temprano deberá destaparse sin ungüentos que hablar de unidad sin haber reunido la Junta de Seguridad durante años es una broma de mal gusto. Tarde o temprano, quizás todavía sobre el lecho del dolor de las víctimas, nuestros políticos deberán afrontar de cara un problema que tiene Catalunya y España y que sería terrible que unos hechos tan lamentables como los sufridos en Barcelona y Cambrils tuvieran que actuar de catalizador para resolverlos. Pónganse las pilas señores gobernantes. Por favor.

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