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Usurpar la identidad

Àngel Juanpere

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Menuda la lio esta semana un programa de radio. Uno de sus locutores se hizo pasar por el President de la Generalitat Carles Puigdemont y logró hablar directamente con Mariano Rajoy en la Moncloa. La polémica estaba servida. En medio de la crisis institucional en Madrid –donde desde hace más de un mes se debate quién tiene que ser el nuevo presidente de España y que tendrá que lidiar con su homónimo de Catalunya– unos humoristas logran hacer reír a más de uno. Pero, ¿su acción es legítima?

Ante todo, chapeau para Mariano Rajoy, un hombre que no suele salir muy airoso de los contratiempos pero que en esta ocasión supo aguantar la bromita con mucha solera. Tanto es así que gracias a esta bromita ha conseguido sacar pecho para demostrar ante los ciudadanos que está dispuesto a dialogar.

Sin ser muy partidario de llevar determinados asuntos a los tribunales –por cierto, una táctica muy usada últimamente por el ejecutivo central–, el Código Penal, en su artículo 401, recoge el delito de usurpación del estado civil –nada que ver con que si uno está soltero o casado–. Queda englobado en las conductas de falsedad en nuestro Código Penal. Según señalan los expertos, se trata de un delito de mera actividad, ya que no exige un resultado dañoso. Eso significa que el hacerse pasar por otro es delito aunque no se persiga cometer un hecho ilícito, como por ejemplo sería usurpar la personalidad de otra persona para cobrar un cheque o pedir un crédito.

Que una persona se haga pasar por otra siempre es algo arriesgado, que puede comportar graves consecuencias.

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