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Vacaciones de un cristiano

En estas fechas veraniegas deseo que todos podamos encontrar unos días de descanso
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En estas fechas veraniegas deseo que todos podamos encontrar unos días de descanso en medio del activismo al que puede llevarnos el actual modo de vida en nuestra sociedad.

El descanso es necesario para reponer fuerzas y para que volvamos nuestra mirada a lo esencial de nuestra vida. Para ello propongo que los días vacacionales los utilicemos para fortalecer nuestros lazos familiares y la relación con Dios. El papa Francisco expresó, desde los inicios de su pontificado, su preocupación por las familias, y a ellas dedicará sus trabajos el próximo Sínodo de Obispos. La relación matrimonial entre los cónyuges, y de ellos con los hijos, son los pilares fundamentales de la familia y de la sociedad. Nada es tan bueno para un matrimonio como que puedan pasar juntos estos días, disfrutando ambos de los sencillos placeres de la vida. Y con mayor motivo si tienen hijos pequeños. Ellos esperan que sus padres les presten atención y en estas fechas pueden recibirla más que nunca. Hacer planes conjuntos será el mejor modo de disfrutar las vacaciones, ocasión también para que se transmitan los valores familiares en un ambiente tranquilo y festivo.

Este veraneo familiar sería incompleto para una familia cristiana si no la acercara a Dios. Y hay muchos motivos para encontrar a Dios en vacaciones. La encíclica del Papa sobre el mundo que Dios puso a nuestro alcance puede darnos muchas pistas. Dejémonos sorprender por la belleza de la creación y la diversidad de todas sus criaturas, como san Francisco de Asís. No nos acostumbremos a ver de forma rutinaria lo que es un milagro que, por ocurrir cada día, no nos sorprende, desde que sale el sol hasta que se oculta.

Puede servirnos para ello fijarnos en que Dios, además de crear el mundo, dispuso que Jesucristo viviera en él y participara de experiencias que también nosotros podemos vivir si abrimos los ojos del alma. Por ejemplo, cuando vamos a la montaña, recordemos las diversas ocasiones en que Jesús subió a alguna de ellas con sus discípulos; y lo mismo cuando nos asomamos al mar o a un lago, o cuando contemplamos un río. También cuando vemos un campo de trigo, o una viña podemos recordar sus recorridos por los caminos de Palestina o sus parábolas llenas de enseñanzas sublimes, o cuando observamos a las aves del cielo o a los lirios del campo.

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