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Valores de cambio

Los diplomáticos son los únicos que pueden ir de un sitio a otro con plumas en la cabeza

Manuel Alcántara

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El fin del secuestro de nuestros compatriotas que permanecía retenidos en Siria, nada menos que desde el mes de julio pasado, que en guerra son muchos días, nos ha alegrado a todos. Se les había dado por desaparecidos y al verles a todos tan contentos, su dichosa presencia tiene algo de fantasmal no sólo al norte de Alepo, sino a la cabecera de todos los periódicos. La verdad es que los dábamos por muertos, pero su resurrección no ha requerido el milagroso trance de Lázaro, que según algunos salió corriendo por las viñas, no sin desprender gusanos defraudados. Por el contrario, nuestros afortunados congéneres han regresado después de nueve meses de cautiverio con un aspecto tan saludable y una alegría tan incontenible como si volvieran de un balneario, donde en vez de tomar las aguas hubiesen tomado agua tónica con ginebra antes de comer y de cenar, además de la adecuada dosis que suele ingerirse entre horas. Es sin duda un triunfo de la diplomacia, que según Bernard Saw permite a sus representantes ser la última tribu nómada que puede ir de un lado para otro con plumas en la cabeza.

Nadie nos ha explicado el precio del canje, ni falta que nos hace, ya que estamos tan felices como ellos, sin necesidad de haber pasado por su duro trance. Hay en el ancho mundo más de 50 periodistas que permanecen secuestrados por contar la verdad, o sea, por hacernos ver las cosas con sus propios ojos, y más de la mitad siguen en Siria. ¿Qué es la verdad?, se preguntó el célebre Poncio Pilato, que debe su nombre al más egregio de sus condenados, que fue precisamente él que no quiso condenar acaso por fastidiarnos la Semana Santa. Ahora lo que se lleva son los valores de cambio, que son los que mantienen en secreto todas las naciones. ¿Qué se paga por un prisionero en buen uso? La nómina sigue creciendo según el balance de la asociación de Reporteros sin Fronteras. A los que capturan, los cuidan mucho porque valen más vivos que muertos. Hay muchos compradores. Precisamente ahora, que es cuando se venden menos periódicos. A la gente, en general, no le gusta leer, sino enterarse de lo que pasa.

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