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Vanesa, la poli buena

Así van cada día muchos policías, por un sueldo escaso, sin la protección adecuada
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Vanessa. En la flor de la vida. Con la rutina de cada día, a la calle. A su trabajo de siempre, cuidar del buen orden en la ciudad. De proteger a los ciudadanos. Cada día para estos profesionales es diferente, pese a la rutina. Como me decía un viejo policía,” si tienes vocación, lo eres las 24 horas del día”.

Son profesiones tan sacrificadas cvomo responsables. Algo parecido, cada una en su esfera, como los médicos o los jueces. Están ahí para que todo vaya lo mejor posible, prevenir lo malo y buscar lo bueno de la gente.

Porque lo del “Far West” debe ser cosa de película antigua. Vanessa salió con su compañero aquella mañana, deseando que todo fuera como la seda. Una llamada de urgencia. Un atraco en una entidad bancaria. Una fiera con un rehén. Vanessa no lo pensó dos veces. Desarmada, es decir, con las manos por delante, rogando tranquilidad al atracador, para solucionar el conflicto sin más problemas. No tuvo tiempo de defenderse siquiera, porque la fiera iba fuera de sí, y mató a Vanessa a bocajarro.Vanessa ofreció su vida joven por el rehén, por el orden, incluso por salvar a la misma fiera, que resultó muerta por su compañero, herido gravemente.

Así van cada día muchos policías, por un sueldo escaso, sin la protección adecuada y una vocación a prueba de fieras.

¿Qué hay policías “malos”?. Como en todas las profesiones, los puede haber blandos, incluso compinchados alguna vez, porque están demasiado cerca de los delincuentes. Pero la inmensa mayoría se juega la vida cada día por los demás, por ese salario modesto y porque haya paz en las calles. Las 24 horas del día.

Del odio de las fieras sale la violencia. Cuando el ser humano pierde su racionalidad o la emplea para saciar su sed de venganza de supuestos agravios, o, desraciadasmente por hacer mal. Es lo que hemos contemplado– una vez más, queridas autoridades responsables últimas – el pasado domingo en los aledaños del estadio del Atlético de Madrid. Un muerto, varios heridos, y la ciudadanía asustada. Mientras tanto los clubes deportivos esperan que pase la oleada de acusaciones para seguir a lo suyo. A llenar los estadios y a bendecir, sin que se note mucho, a esas bandas que son auténticos delincuentes. El fútbol es un espectáculo deportivo al que se va para disfrutar de un victoria o lamentar un mal resultado. Pero dentro de unos reglamentos. Decía el otro día un señor que le daba miedo llear a su hijo pequeñpo al fútbol, porque no sabía lo que podía pasar fuera o dentro del recinto deportivo.

Se puede ironizar al contrario, gritarle sus desventuras o defectos, chillarle al árbitro, pero ir a buscar gresca, con armas escondidas o en masa airada no es ir al fútbol. Es ir a la guerra, y eso es otra cosa. Para evitarlo están – estaba – policías como Vanessa. Lo intentó. Cumplió con su obligación y para ello no dudó ni un instante. Pero a una fiera descontrolada no le van las palabras. Como a los del fútbol. Como a los radicales y fundamentalistas. Razonar no es lo suyo. Y alguien nos debe proteger.

 

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