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‘Vete al médico’: Madrid sí que necesita salud mental en su gestión política

El anticipo electoral llena de incertidumbres una comunidad maltratada, que estaba a punto de aprobar unos 
presupuestos más necesarios que nunca y que ahora deberán esperar

Javier Pons

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Javier Pons

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Hay que alabar que Iñigo Errejón señalara con el dedo uno de los principales problemas que afectan y preocupan al ciudadano de a pie: la salud mental. Aludió el político madrileño a una auténtica lacra silenciada por los gobiernos y oposiciones de turno y que la sociedad observa todavía con demasiados prejuicios.

Seis de cada diez españoles sufren trastornos psicológicos y diez españoles se suicidan al día (3.650 al año frente a los 1.755 fallecidos en accidente de tráfico en 2019 por ejemplo). De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) está diciendo estos días que para 2030 la principal causa de discapacidad en Occidente va a ser la salud mental, y ahora, con la Covid-19, va a ser una auténtica debacle. Escuchando el arranque de su disertación me pareció de repente que vivía en un país razonablemente civilizado donde los políticos llevan al parlamento los temas que afectan a sus ciudadanos representados para su debate.

Pero poco duró mi ensoñación ya que tras oir algunas risas durante su planteamiento, una «gracieta» de un impresentable acabó con mi fantasía «enviando al médico» a Errejón y por extensión a todos los que en ese momento nos sentimos representados por su preocupación. Una gran parte de diputados con todavía un mínimo de dignidad acalló al inefable Carmelo Romero aplaudiendo la iniciativa de Errejón empujando al presidente del Gobierno a saludarla con una promesa de revisión del Plan Nacional de Salud que ya veremos en que queda.

Y es que la mayoría sus señorías no llevaba al Congreso ninguna propuesta de alcance social o político relevante porque el tema del día era la apertura de la campaña electoral para la presidencia de la Comunidad en Madrid.

La capital madrileña lleva todo el camino de silenciar a los hasta ahora omnipresentes en conversaciones, debates y prensa independentistas o constitucionalistas catalanes. La decisión de Ayuso de convocar elecciones anticipadas tras el fiasco de PSOE y Ciudadanos en Murcia y Castilla y León descolocó a muchos y sacudió el tablero electoral.

Analicemos primero la convocatoria. Por un lado, es inoportuna por cuanto la comunidad estaba a punto de aprobar unos presupuestos más necesarios que nunca. Unas cuentas que especialmente pymes y autónomos esperaban con desesperación, y que ahora tendrán que esperar.

Por no hablar de que estamos en un momento en que todos los esfuerzos de la administración deberían estar centrados en la gestión de la pandemia y especialmente en la de la campaña de vacunación que en Madrid va especialmente lenta.

Por otro lado, la convocatoria está sustentada en falsedades: a pesar de la difícil relación del vicepresidente naranja con la presidenta, Ciudadanos no había hecho ni amago de presentar una moción de censura.

Por último, la vuelta a las urnas parece que más que necesaria. Es fruto de los cálculos del estratega Miguel Angel Rodríguez que, no contento con haber contribuido a la creación del personaje en que se convirtió José María Aznar, quiere repetir la misma operación encumbrando hacia una mayoría absoluta a una hasta hace un año desconocida dirigente que lo único que ha demostrado en su legislatura ha sido su incapacidad para llevar adelante ninguna iniciativa y que basa su discurso en frases hechas y no por ello menos desconcertantes.

Como si todos estos elementos no fueran suficientes para configurar una campaña ruidosa y potencialmente vacía de contenidos, se suma la decisión de Pablo Iglesias de abandonar la vicepresidencia del gobierno para presentarse como candidato en las mencionadas elecciones. Esta incorporación que ha causado perplejidad en la ciudad (ya en próximos artículos analizaremos qué hace tras las elecciones) va a elevar el nivel de decibelios, testosterona y populismo, cuando todo eso sinceramente nos sobra. Afortunadamente la candidata de Más Madrid, Monica García, ha reaccionado rápidamente afirmando que ni las mujeres de la izquierda ni los madrileños en general necesitan a un «salvador» y el candidato socialista Ángel Gabilondo (el Joe Biden madrileño) ha reivindicado con su vídeo «Soso, serio y formal» una campaña donde las palabras y las reflexiones surfeen el «ruido». Ojalá sea así y podamos contrastar ya que la presidenta nos ha puesto en el plato quién debe dirigir esta comunidad dominada en las últimas décadas por gobernates populares que en varios casos han acabado en la cárcel. No sé qué argumentos faltan para promover una alternativa tranquila que aunque cuente con el apoyo del «salvador» pueda ofrecernos una horizonte de estabilidad y serenidad ciudadana para los próximos años.

Javier Pons inició su carrera en Ràdio Reus. Ha sido director de 'El Terrat', director de TVE y CEO de Prisa Radio. Actualmente dirige la productora Globomedia (Mediapro).

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