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Víctima de la Covid, en primera persona

NÚRIA PÉREZ

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Tengo a un familiar directo ingresado desde hace doce días. Entró en Urgencias derivado por su doctora y desde entonces no hemos podido visitarle por la Covid. Y aunque en algunos momentos ha resultado angustioso no poder estar ni que fuera una hora para darle un poco de ánimo en su recuperación, no ha sido la única circunstancia anómala que nos ha tocado vivir como familiares de un paciente hospitalizado en plena pandemia.

PCR a parte, que se han convertido en habituales cada tres días y que están totalmente justificadas en un centro sanitario al que cada día acuden nuevos contagiados, una de las situaciones que más nos costó sobrellevar fue la espera en una butaca, débil y con sonda, primero, de un box de urgencias (que por cierto a las 48 horas estuvo a punto de perder debido a la saturación de la unidad) y, después de una habitación en planta. Fue ley de Murphy, desde luego, su ingreso coincidió con uno de los picos de esta quinta ola y en fin de semana, que es cuando hay menos médicos y comunicación con la familia.

Pero la situación me ha hecho recordar tantas y tantas noticias sobre las otras víctimas de la Covid, en este caso, los pacientes ingresados por otros temas en centros sanitarios. Menos mal de los profesionales que en otro artículo explicaré por qué son tan esenciales y siguen mereciendo mi respeto y solidaridad. Por favor, que seguimos en pandemia.

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