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Víctimas del odio

ÁLEX SALDAÑA

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ÁLEX SALDAÑA

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Uno albergaba la esperanza de que a medida que evolucionáramos conformaríamos una sociedad mas avanzada, más tolerante, solidaria y empática, impulsada por unos jóvenes criados y crecidos en libertad. Qué iluso. Al parecer, no solo no progresamos, sino que caminamos peligrosamente hacia las cavernas más oscuras. Es lo que uno siente cuando ve que ocho individuos encapuchados –sí, son así de valientes; atacan en manada y con pasamontañas– agreden a un joven de 20 años y le propinan varios cortes con una navaja tanto en el labio como en el glúteo, donde le marcaron la palabra «maricón», dejándole malherido en el suelo. Y no, no me vengan con que es un hecho aislado: hace unos meses otro grupo de energúmenos asesinó a Samuel en las calles de La Coruña; un joven de Amorebieta (Vizcaya) permanece en coma tras recibir una brutal paliza a manos de otra manada; en Madrid, un rapero de 18 años con síndrome Asperger fue apuñalado en un túnel por tres menores de edad… Podríamos seguir, pues la lista, lamentablemente, es larga. De hecho, en los primeros seis meses del año, Policía y Guardia Civil han recibido 610 denuncias por delitos de odio, un 9,3% más que el mismo periodo en 2019, cuando los 558 sucesos notificados marcaron un récord. Y eso que nueve de cada diez víctimas de delitos de odio (el 89,24%) no denuncian las vejaciones o agresiones sufridas. Ante estos hechos no cabe el silencio, sino la condena más enérgica, al tiempo que hemos de revisar qué hemos hecho mal para que reviva esta forma de fascismo e intolerancia y haya tanto odio en algunos de nuestros jóvenes.

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