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Viene Obama

Las relaciones entre Estados Unidos y España deben estabilizarse, según la Casa Banca

Salvador Aragonés

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Dentro de un mes el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, visitará oficialmente España durante tres días, después de celebrar una cumbre de la OTAN en Varsovia. Obama viene invitado por el rey Felipe VI, de quien no hay duda de su posicionamiento al lado de las democracias occidentales y del Pacto Atlántico.

Barak Obama ya aplazó su visita a España que debió llevar en primavera, porque se estaba formando gobierno; era un momento delicado. Ahora vendrá cuando aún el gobierno estará en funciones, pero Obama termina su mandato dentro de pocos meses.

El presidente norteamericano realizará una visita de Estado, es decir que viene a visitar a un Estado amigo, como es España, con el fin de mantener e incrementar las relaciones políticas, militares, culturales, industriales y comerciales, con los Estados Unidos. Sea cual fuere el gobierno en España, las visitas de Estado marcan el futuro y no para la inmediata política del dribling corto y el zig-zag.

España juega un papel de primer orden en la defensa del Occidente y la amistad con los Estados Unidos es trascendental porque siguen siendo el eje vertebrador de Europa y de Occidente, y marca el papel de España en el concierto de las naciones.

Estados Unidos tienen bases militares importantes en nuestro suelo, inversiones importantes, un comercio prometedor en especial pensando en el futuro gran acuerdo comercial entre Europa y los Estados Unidos (TTIP, el tratado de libre comercio que negocian la UE y EE.UU. que España apoya).

En el terreno político, la posición de los Estados Unidos es favorecer la estabilidad política y territorial de España –sacudida últimamente por los vientos internos de cuño bolivariano y secesionista, lo que preocupa a Washington– porque solo así España será un aliado de fiar para los USA. Y por parte de España está obligada a entenderse con los Estados Unidos, siendo un país europeo miembro de la OTAN y de la Unión Europea. Sin embargo, España conoce muy poco los Estados Unidos, no hay apenas centros de estudios en las universidades ni en la sociedad civil, lo que convendría perfeccionar y estar a la altura de Francia, Alemania e Italia. Este es un campo importantísimo para explorar.

Una visita de Estado, por otra parte, no es turismo, sino encajar por ambas partes intereses políticos, estratégicos, económicos y culturales. Barak Obama visitará Sevilla, pero no visitará Barcelona, que es la capital española con mayor peso específico, mire por donde se mire, de España. Entonces, ¿por qué no irá a Barcelona?

La respuesta es sencilla: Washington y el Pentágono no quieren dar ni una esperanza al independentismo que gobierna hoy en Catalunya. Este independentismo, desde la época de Jordi Pujol y después de Artur Mas, se ha esforzado mucho buscando lobbies para tener a su lado a los Estados Unidos.

Lo dijo Artur Mas en una conferencia que pronunció hace un año en la Universidad de Columbia, donde presentó su proyecto independentista: «Los Estados Unidos son una prioridad» para Catalunya y ésta «sería un socio de confianza» si llegara a ser un estado independiente. Sin embargo, en el intramundo independentista las simpatías hacia los americanos son pocas y flojas, pues muy a menudo se critica y ataca la política exterior norteamericana tanto en Oriente Medio como en América Latina (Venezuela).

En Washington se sabe bien que una visita a Barcelona podría ser instrumentalizada como un soporte al proceso independentista, que ni Obama –lo ha dicho repetidas veces– ni los Estados Unidos apoyan. Es cierto que en el pasado, los Estados Unidos miraban con una cierta simpatía al movimiento secesionista catalán, pero al ver que ni España ni Europa lo quieren, tampoco ellos.

Estados Unidos necesita reforzar su alianza con España, con el fin de estabilizar unas relaciones bilaterales que han tenido muchos altos y bajos desde el franquismo. Con la llegada de la democracia, el Partido Socialista de Felipe González quiso sacar a España de la OTAN, aunque dio marcha atrás en un referéndum en el que el PSOE votó a favor, mientras se abstuvieron el Partido Popular de Manuel Fraga y Convergència i Unió de Jordi Pujol, por razones tácticas. Una muestra de la desorientación de la política exterior española.

El siguiente gobierno del Partido Popular, con José María Aznar al frente, se abrazó a los Estados Unidos, con una política de apoyo a la alianza angloamericana contra Irak (cumbre de las Azores), al mismo tiempo que el líder socialista, José Luis Rodríguez Zapatero protagonizó una ‘sentada’ ante la bandera americana en un desfile militar. Zapatero se marchó de Irak sin coordinarlo con nadie y esto enfadó mucho a los americanos. Cuando fue presidente del Gobierno quiso enmendar la plana ampliando el apoyo militar a los USA. Con el gobierno de Rajoy las aguas se han tranquilizado. A Estados Unidos, ni a nadie, le gustan los bandazos.

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