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Violencia doméstica y prejuicio

Las presunciones de inocencia o de culpabilidad van según nos conviene 

Enrique Arias Vega

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Pese a tanta campaña bienintencionada, siguen creciendo la violencia y el maltrato domésticos. En vez de erradicarlos, hasta ahora sólo se ha conseguido prejuzgar muchas conductas, según quién sea la presunta víctima y quién el victimario. Lo digo porque, para mi pasmo, acabo de ver un programa televisivo en el que se entrevistaba muy afectuosamente a un acusado de maltrato doméstico.

Lo normal viene a ser que el imputado cargue siempre con la presunción de culpabilidad, mientras que la víctima que lo acusa sea tratada con la consideración que el caso merece. Hasta el otro día.Resulta que un conocido humorista ha sido denunciado en el juzgado por su joven pareja homosexual de vejaciones y golpes con lesiones. El artista, conocido y amigo de casi todos los contertulios que ese día había en la tele, fue escuchado amablemente por ellos y casi, casi, exculpado del delito. Al día siguiente, la entrevista a la supuesta víctima fue muy distinta: se la cuestionó con dureza y se equiparó el presunto agredido a su presunto verdugo. ¿Hubiese sucedido lo mismo de no haberse tratado de un actor conocido? ¿Habría merecido el mismo respeto de no haber sido amigo de varios de los periodistas asistentes? ¿Se le habría tratado igual de no ser una disputa homosexual? ¿Habría merecido siquiera una entrevista en otro caso el supuesto agresor? Me asombra que quienes critican asiduamente la desigualdad ante la ley por motivos políticos, económicos o sociales hayan callado como muertos ante este caso. Con su silencio demuestran que vivimos en un mundo lleno de prejuicios, en el que repartimos presunciones de inocencia o de culpabilidad según nos conviene.

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