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Volar alto

Uno desaparecía de primera línea de la negociación en Bruselas el lunes, y el otro dejaba todos sus cargos en el partido el jueves
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Uno desaparecía de primera línea de la negociación en Bruselas el lunes, y el otro dejaba todos sus cargos en el partido el jueves. Son muy diferentes los contextos, pero en los acontecimientos de esta semana hay un nexo entre el ministro de Economía griego Yanis Varoufakis y el ex número tres de Podemos Juan Carlos Monedero.

Académicos brillantes los dos, doctores en sus especialidades, ideólogos de sus partidos, y con tan fuertes caracteres que polarizan las opiniones en torno a su persona: o les adoras, o les detestas. Ambos ponen sobre la mesa el rol de los intelectuales en política, actividad de la que suele decirse que es el arte de lo posible.

Si fue imprescindible la poesía de los grafitis del 68 –Seamos realistas, pidamos lo imposible–, y los del corralito argentino –Basta de realidades, queremos promesas–, a la hora de la verdad lo que el ciudadano le pide al político, sobre todo, es que tenga los pies en el suelo. ¿O no?

A los intelectuales que se lanzan al ruedo les pasa mucho como al queso en medio del librito de lomo. Quedan fundidos, presos entre las exigencias del ideario –más cuanto más bellamente expuesto está y más impoluto lo quieren mantener: el papel lo aguanta todo– y el pragmatismo a menudo ruin de la realpolitik. Entre la castidad y la casta, se podría decir.

No se trata de tener principios de quita y pon, sino de ver si los ideólogos son los más adecuados para bajar a la arena. Dice Iglesias que Monedero sea acaso un intelectual que necesita volar más alto. Pues cuidado. Hay quien vuela tanto, y tan alto, que acaba escapándose de la realidad como a un niño se le escapa un globo en la feria. Se aleja, se va haciendo pequeño, y ya no hay quien lo vuelva a amarrar.

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