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Votar por Europa

Se prevé que una suma abigarrada de nacionalistas y populistas sumen hasta el 33% de los escaños

José María Areilza

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El Parlamento europeo se ha convertido en un verdadero colegislador en casi todas las materias en las que actúa la Unión. Nadie que conozca por dentro la política de Bruselas desprecia hoy a la Cámara, capaz de enmendar o bloquear las decisiones más importantes.

Los dirigentes europeos deben tomar en cuenta los resultados de las elecciones para elegir al nuevo presidente de la Comisión, aunque Emmanuel Macron ya ha avisado de que no habrá automatismos.

Estas realidades institucionales serían suficientes para participar en las próximas elecciones del 26 de mayo. Los comicios son además una oportunidad de debatir qué Europa queremos, un asunto arrinconado en los debates previos al 28-A, como si viviésemos en la autarquía.

Pero la mayor novedad es que nos jugamos la idea de Europa, el sustrato de civilización que da sentido a la unificación política y económica del continente. Esta vez se prevé que una suma abigarrada de nacionalistas y populistas sumen hasta el 33% de los escaños. Solo una coalición de populares, socialistas y liberales puede hacer frente a este intento de desmontar la Unión Europea.

El discurso del antieuropeísmo es de un simplismo infantil, fijarse en los defectos de la Unión y despreciar todos sus logros y ventajas. En España, Vox se distingue de forma especial por la ignorancia extrema con la que aborda los asuntos europeos.

Proclama que su modelo de UE es una «cooperación voluntaria entre Estados soberanos», lo cual supondría una voladura de los éxitos duramente conseguidos durante casi setenta años de integración y treinta y tres de participación española. Pero los alardes retóricos contra la hegemonía de Alemania o la impugnación de la Comisión como un ente pérfido no sirven de nada.

La única ventaja de la proliferación de este tipo partidos en los dos extremos ideológicos es que solo se pueden poner de acuerdo en desmontar la UE. No son capaces de compartir ninguna propuesta constructiva ni tienen un modelo de cambio.

Por el contrario, gracias a los pactos desde 1950 entre los europeístas de los partidos moderados todos los Estados miembros han ganado en seguridad, prosperidad y democracia.

La situación de fragmentación y ralentización de la integración europea nos debería llevar a renovar el componente utópico de la Unión y no a desentendernos de la política de Bruselas. Otra característica extraordinaria de estas elecciones europeas de mayo es la participación no prevista del Reino Unido.

Cada vez más británicos piden repensar la decisión de salir de la Unión Europea. Los comicios al parlamento de Estrasburgo pueden ser el preludio de la derrota del populismo que llevó al Brexit. Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, cifra en un 30% las posibilidades de que al final los británicos opten por la permanencia en la UE. Nos acercamos a las elecciones más decisivas desde que se celebraron las primeras en 1979, en las que merece la pena votar por Europa.

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