Y esto es el machismo. Defensa a Paula Dapena

Maradona puede ser criticado por su consumo de drogas. Pero, al parecer, no puede ser criticado por ejercer violencias machistas. Cuando se trata de nosotras, entonces no. Entonces esta chica es una maleducada

Elisa Alegre

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Elisa Alegre.

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Maradona podía decir y hacer lo que quisiera, pero Paula no. Y esto, señores, es una forma de violencia machista; es exactamente una muestra de lo que son los privilegios de unos y la desigualdad de otras. 

El acto de Paula, sentarse de espaldas en un campo mientras se hacia un minuto de silencio en homenaje a Maradona, la ha llevado incluso a recibir amenazas de muerte. Paula, ahora, es la enemiga pública de los hombretones de los palcos. 

Si bien es cierto que «al Diego» se lo venera, en principio, como futbolista, la distinción entre artista y obra no hace más que tapar y reproducir los privilegios que el patriarcado otorga a una parte de la población. Así, la línea entre ser un buen profesional, y a la vez un modelo de masculinidad machista que nos veja, maltrata y asesina, es muy fina. Es más, puede que con ciertas cosas la línea se desdibuje y necesitamos problematizar.  

Nadie dejó de escuchar a Michael Jackson o a Plácido Domingo. Y nadie lo está pidiendo. Nadie está pidiendo que se deje de ver las jugadas de Maradona ni se le quiten los méritos futbolísticos. Estamos manifestando el rechazo y lo grave que son las violencias machistas. 

Ilustración: Andrea Jerez Fernández  (@arujfs)

No diréis que no es de justicia poética que Maradona haya fallecido justo el 25N. Nos ha robado el protagonismo de lo que ese día reivindicamos, pero también la oportunidad de abrir el debate sobre qué mensajes estamos dando cuando veneramos de forma acrítica a un personaje público, porque sus privilegios están por encima de las violencias que haya podido ejercer sobre mujeres y niñas. 

Hay una cosa que no podemos negar, un personaje público es siempre un modelo, un vector de proyección y reproducción de estructuras sociales y culturales; entre ellas, el machismo. 

Maradona salió de uno de los barrios más pobres de Argentina, Villa Fiorito. Yo soy argentina y entiendo muy bien que significa el Pelusa en mi país: es el mejor jugador de mundo y encarna la posibilidad de salir de una villa, de la miseria, de ser algo más, de tener la oportunidad de salir de la violencia estructural, del hambre, de la marginación.

Podemos valorar que Maradona tuvo una cierta conciencia de clase y que incluso fue de las pocas figuras públicas en Argentina que se atrevió a desafiar a gigantes de la política, o al Papa en su momento. Maradona había sufrido en carne propia la violencia de la pobreza. 

Maradona puede ser criticado por su consumo de drogas. Un problema de adicción, de salud, con las consecuencias estigmatizantes que tiene para las personas que se enfrentan cada día a este problema y que ha costado muchas vidas. Yo no haré valoraciones morales sobre esto, porque de moralinas hipócritas tenemos suficiente. 

Pero, al parecer, no puede ser criticado por ejercer violencias machistas. Cuando se trata de nosotras, entonces no. Entonces esta chica es una maleducada. ¿Nos damos cuenta del ejercicio de violencia patriarcal que cometemos?

Hay una canción que dice: «si yo fuera Maradona, viviría como él». Y ese, señores, es el problema. Muchos pibes sueñan con «ser Maradona», no «jugar como Maradona». Porque, veréis, esta diferencia entre artista y obra que hacemos teórica e intelectualmente está muy bien, pero cuando un pibe ve jugar «al Diego», ve a todo el Diego y piensa: Si yo fuera Maradona, viviría como él. Pues bien, esperemos que no vivan como el con las mujeres y con sus hijos.

Maradona era las dos cosas: el más genio del fútbol que ha podido dar Argentina y, al parecer, un maltratador, como muchos otros, lamentablemente. Y ambas cosas las encarna el mismo sujeto. Supérenlo, señores. 

Paula tiene derecho a no querer homenajear a Maradona. Paula tiene derecho porque le pesa el techo de cristal, le pesa el acoso, le pesa la desigualdad, le pesa la violencia, le pesa la vida de las compañeras que son asesinadas cada día solo por ser mujeres. 

Paula, compañera, no estás sola. Tenemos derecho a poner encima de la mesa la realidad, con el personaje vivo, y con el personaje muerto. Nadie, absolutamente nadie ha pedido que dejéis de apreciar la calidad futbolística del Pelusa, solo pedimos que nos respeten y que no se diluyan las violencias bajo la fama, que no sigan ejerciendo violencia sobre nosotras. Estamos cansadas de ser criticadas por defender nuestras vidas, por defender la igualdad, por visibilizar los privilegios. Supérenlo, señores.  

Que la tierra te sea leve, Diego. 

Que la lucha continúe, Paula. 

Elisa Alegre-Agís es diplomada en Trabajo Social, licenciada en Antropología Social y Cultural, magister en Antropología Médica y Salud Global y doctoranda en Antropología Médica. Es docente en la Universitat Oberta de Catalunya y en la Universitat Rovira i Virgili, e investigadora en el Medical Anthropology Research Center de la misma universidad.

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