Consejos para el invierno de la vida

La Seguridad Social es uno de los inventos mejor paridos en este país, pues cubre nues-tras contingencias sanitarias y de farmacia y nos paga una pensión de jubilación, en función de lo cotizado, lo que aconseja no cicatear con las cotizaciones

| Actualizado a 22 enero 2022 18:51
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Fermina Daza y Florentino Ariza reían a carcajadas mientras salían del banco. Imaginaban la cara que pondrían sus sobrinos, únicos descendientes, cuando supieran lo que acaban de firmar. Y es que este matrimonio sesentón del Serrallo había concertado una hipoteca inversa sobre su vivienda en la calle Gravina, única propiedad que tenían, en virtud de la cual cobrarían una pensión mensual vitalicia y a su muerte el piso pasaría a la entidad bancaria... salvo que los herederos reintegraran lo pagado a la pareja.

El episodio, como habrá adivinado el lector, es ficticio, salvo los nombres de los protagonistas, que han sido tomados a préstamo de El amor en los tiempos del cólera, esa deliciosa novela que nos regaló García Márquez. Y lo traigo a colación para transmitir al lector, en especial a los más mayores, una serie de ideas y cautelas para hacerle más seguro y confortable el invierno de su vida.

Una es la hipoteca inversa indicada, una fórmula que permite a la persona aumentar sus ingresos el resto de su vida. Se trata de una herramienta habitual en el norte de Europa, que poco a poco se va introduciendo en el sur. Aunque no mucho, la verdad, pues nuestro ADN meridional todavía prioriza la voluntad de dejar patrimonio a los hijos, aunque sea pequeño.

La previsión sería otra idea a recomendar. Y hay que hacerla tempranamente, como las hormigas, que recogen en verano para asegurarse el sustento en invierno. En ese sentido, señalar tres pecados de la economía doméstica: gastar más de lo que se ingresa, que inexorablemente lleva a la bancarrota; vivir de alquiler, que equivale a pagar por una vivienda que nunca será tuya; y tener dinero en el banco, pues él negocia con tus ahorros pero la inflación la sufres tú.

¿Y en qué invertir? La Seguridad Social es uno de los inventos mejor paridos en este país, pues cubre nuestras contingencias sanitarias y de farmacia y nos paga una pensión de jubilación, en función de lo cotizado, lo que aconseja no cicatear con las cotizaciones. Huir de los planes de pensiones y de jubilación, un invento de la banca y de las aseguradoras (con la complicidad de los gobiernos de turno), grandes beneficiadas de estos productos, y con un claro perjudicado, el cliente, pues paga impuestos cuando genera el dinero del plan, vuelve a pagarlos cuando lo rescata y sufre la erosión de la inflación. El ladrillo ha sido la inversión tradicional y de las más rentables. Al menos hasta la crisis del 2008.

¿Testar o no testar? No se hunde el mundo si no hacemos testamento, pues en ese caso y por disposición legal heredan nuestros parientes más próximos, a partes iguales dentro del mismo grado. Y es que la ley es puro sentido común… salvo la parcela que se reserva el poder para mantenerse en él. Pero otorgar testamento facilita la sucesión, y es obligado hacerlo si queremos un reparto diferente de la herencia o favorecer a alguna persona. Existe la posibilidad de otorgar testamento ológrafo, o sea, escrito de puño y letra por el testador, una modalidad íntima, personal y, si me apuran, romántica, de formalizar la última voluntad. Pero entraña peligros, como que, tras la muerte del testador, personas malintencionadas alteren el testamento o lo hagan desaparecer. Por ello se aconseja testar ante notario, la fórmula más utilizada, pues por medio centenar de euros recibimos asesoramiento y seguridad jurídica. ¡Ah!, el testamento es un acto esencialmente revocable. Dicho en román paladino, se puede cambiar cuantas veces se quiera, y vale el último.

¿Dejar en vida o tras la muerte del testador? Dependerá de las circunstancias. Lo más común es lo segundo. Así el causante –como se le llama también- tendrá la libre disposición de sus bienes -o sea, la manija- hasta la muerte. Pero nada le impide, en caso de necesidad, conveniencia o voluntad, donar en vida parte o todos sus bienes. Los impuestos –¡ay los impuestos!- son idénticos en ambas vías. Los Estados modernos ya no necesitan tomar el Palacio de Invierno. Les basta con poner la mano en cada herencia y en otros hechos impositivos. Y el ciudadano a apoquinar. No se espanten con este dato real: los impuestos que pagamos en Catalunya equivalen cada año a nuestros ingresos desde el 1 de enero al 5 de julio, fecha de nuestra liberación fiscal.

Especial cautela hay que adoptar ante un póker de peligros que suelen acechar, sobre todo a personas mayores: Uno, firmar como avalista, un acto en apariencia inocuo pero que suele traer consecuencias. Y si no que se lo pregunten a la legión de personas que perdieron sus bienes en la pasada crisis económica por avalar una hipoteca. Dos, ojo con adquirir determinados productos, a simple vista rentables, cuyas consecuencias no somos capaces de calibrar. Me estoy refiriendo, por ejemplo, al chapapote de las preferentes y otros productos basura que las entidades bancarias endosaron ayer a multitud de pequeños ahorradores; o a las criptomonedas, ese becerro de oro de la economía moderna con el que nos tientan hoy. Nadie da duros a cuatro pesetas. Tres, recordar que en las cuentas corrientes bancarias indistintas todos los titulares pueden disponer, con su sola firma, del total saldo… con independencia de quién haya ingresado el dinero. Y cuatro, cada cual tiene derecho a gastar su patrimonio de la forma que tenga por conveniente, pero sus potenciales herederos pueden pedir al juez que lo declare pródigo y le nombre un curador, si es un manirroto o –en catalán- un butxaca foradada. Y esta acción –y aquí está la advertencia- muchas veces se utiliza con ligereza por los herederos, que anteponen sus expectativas hereditarias al derecho de su causante a disponer de su patrimonio. El antídoto contra esos cuatro peligros es obvio: asesorarse.

Estos consejos no solucionan la vida de Fermina y Florentino. Pero les pueden dar tranquilidad, seguridad e independencia, que no es poco en la singladura invernal de su vida.

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