Opinión

Creado:

Actualizado:

La intervención del president de la Generalitat, Pere Aragonès, en la Comisión General de Autonomías del Senado el pasado jueves, ha suscitado una polémica política que no se vive para nada en la sociedad con la misma intensidad que en determinadas élites políticas y de opinión. Es muy dudoso que en la sociedad española se vean de verdad esos elementos de disgregación que figuran en el intercambio de gruesas acusaciones del paisaje de la actualidad. El PP quiere convertir la Cámara alta que controla con mayoría absoluta en un ariete de oposición y desgaste del previsible futuro Gobierno de Pedro Sánchez, si es que al final este llega a un acuerdo de investidura con los independentistas catalanes. Si prospera, el Ejecutivo de coalición en minoría va a tener que mostrar un fuerte nervio político para contrarrestar el discurso de la oposición.

Vivimos tiempos en los que el blanco y negro aspira a monopolizar toda la gama de colores, como si no hubiera grises intermedios

El pleno del Senado, ciertamente, no fue un debate sino una mera sucesión de intervenciones. El déficit de escucha de la política española es francamente elevado. La hipérbole llevada al paroxismo en tiempos en los que el blanco y negro aspira a monopolizar toda la gama de colores, como si no hubiera grises intermedios. El problema de la extravagancia es que tiene una enorme fuerza de conexión emocional.

Por un lado, la ausencia de una narrativa clara por parte de Sánchez coloca a los socialistas en un escenario bastante desfavorable en la decisiva batalla de la opinión pública, los ubica a la defensiva. Por otro lado, el PP ha construido todo un relato sobre las supuestas consecuencias de la amnistía en la concordia de los españoles. Este mensaje tiene un efecto en el debate sobre la pluralidad territorial, que es una cuestión que, tarde o temprano, tendrá que abordarse. ¿Cuándo veremos esa discusión? Va para largo, pero los mensajes exagerados que vamos a tener que escuchar en las próximas semanas no favorecen la calma.

tracking