La política es impredecible, puede pasar de todo, para bien y para mal. Una vez asumido en clave interna que la investidura de Alberto Núñez Feijóo la próxima semana en el Congreso no tiene opción alguna de fructificar, en el PP tratan ahora de alentar el descontento con la posible amnistía en el PSOE en vísperas del «gran acto» convocado hoy en la madrileña avenida de Felipe II. Es cierto que Ferraz da por amortizadas las críticas de los dirigentes históricos por el hipotético pacto de Pedro Sánchez con los independentistas, pero los populares inciden en hurgar en el eventual desagrado en las filas de Ferraz. El presidente andaluz, Juanma Moreno, fue el primero en intentar tensionar a los socialistas llamando a sus diputados a rebelarse y romper la disciplina de voto en la sesión de investidura. «Más allá de la lógica disciplina de partido, que debe haberla, a veces se llega a extremos en los que los diputados deben rebelarse por sus propios principios», recalcaba un dirigente andaluz que horas más tarde matizaba sus propias palabras diciendo que «en ningún caso estaba llamando al transfuguismo» –de lo que acusan, precisamente, al PP desde Ferraz–.
Hasta de cuatro parlamentarios díscolos requeriría Feijóo para recabar los cuatro apoyos que aún le faltan para sacar adelante su investidura –ahora contabiliza 172 ‘síes’ gracias a Vox, Coalición Canaria y UPN–. La elección del presidente se puede hacer por mayoría absoluta en la primera votación (necesitaría 176 ‘síes’) o por mayoría simple, más ‘síes’ que ‘noes’, en la segunda. Y de esta última forma es como algunos en el PP creían hasta hace poco que podían conseguir que diputados del PSOE molestos con Sánchez se abstuviesen y dejasen de votar ‘no’ a Feijóo. Pero esa remota posibilidad ha perdido fuerza en un partido cuyos principales dirigentes, sin embargo, no renuncian a redoblar la presión lo máximo posible sobre el líder del PSOE y extenderla, además, a cuantos más sectores del socialismo sea posible.