Opinión

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En política es fácil confundir los intereses propios con los del conjunto. En Catalunya, esa confusión se repite con demasiada frecuencia, y estos días vuelve a ponerse de manifiesto con las tensiones entre Junts y el Gobierno central. Hay quien presenta cada movimiento táctico, cada voto o cada amenaza de bloqueo como una defensa del «interés de Catalunya». Pero no siempre es así. A veces coinciden, pero no son lo mismo.

El país necesita estabilidad, capacidad de acuerdo y una mirada larga. En cambio, el debate político se ha convertido con demasiada frecuencia en una partida de ajedrez entre siglas, más preocupada por el cálculo electoral que por el bienestar de los ciudadanos. Algunas de las leyes hoy encalladas en el Congreso afectan directamente a miles de personas: vivienda, financiación, políticas sociales. Bloquearlas tiene consecuencias reales y cuesta entender que eso pueda presentarse como un gesto de coherencia o de firmeza nacional.

Es cierto que Junts siempre ha sido claro con sus prioridades y coherente con su filosofía política. Nadie puede decir que haya engañado a su electorado. Pero la coherencia, por sí sola, no basta para justificar el bloqueo de proyectos que benefician al conjunto de la ciudadanía. Mantener una posición de máximos puede reforzar el propio relato, pero también puede perjudicar el interés general y debilitar la confianza en las instituciones, paralizando proyectos de interés general.

Catalunya necesita partidos capaces de anteponer el país a la táctica, de buscar puntos de consenso y de entender que la política no puede vivir en una tensión permanente. La ciudadanía reclama resultados, no gesticulaciones, y espera de sus representantes madurez y sentido de país. Solo desde la responsabilidad, la confianza y el diálogo se puede avanzar. Incluso manteniendo intactos los valores asociados a unas siglas políticas, la política es, en definitiva, el arte de negociar. Hacerlo todo desde el bloqueo o la confrontación constante solo nos aleja de aquello que, en teoría, todos dicen defender: una Catalunya más fuerte, más justa y con más futuro.

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